Podría haber sido Tigregatica, porque a él le hubiese gustado más. Pero el apelativo de Mono lo definió por las buenas y por las malas, que son las que quiero incluir en este blog. Las buenas y las malas de antes y de ahora. Las mías y las ajenas. Las de nuestro país y las del mundo. Las que nos permiten vivir y las que nos obligan a hacerlo. En Dios creo, y en algunas personas (muertas y vivas) también. No demasiadas. Pero suficientes. Todos los demás, que paguen al contado.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

LA SOBERANÍA NO VIAJA EN SUBTE (TODAVÍA)

Los billetes de veinte pesos son rojos, como el rojo punzó y como homenaje. La estación de subtes de la línea B, que alguna vez Mauricio se dignará a inaugurar en la esquina de Triunvirato y Monroe, se llamará Juan Manuel de Rosas por voluntad mayoritaria de los vecinos de Villa Urquiza (que contrapondrán entonces los nombres de los adversarios de Caseros).
En el reverso del billete hay una ilustración motivada en la Batalla de la Vuelta de Obligado, cuya fecha del 20 de noviembre de 1845, seguramente no se recordará mañana en ningún establecimiento escolar público o privado de este país. O quizás sí, livianamente, por tratarse -con acierto- del Día de la Soberanía Nacional, tan vapuleada (esa soberanía) por años y años de liberalismo oscuro y mitrista.
Juan Manuel de Rosas fue estanciero. Juan Manuel de Rosas fue violento como todos sus adversarios y gobernó a sangre y fuego, como la mayoría en aquella época. Juan Manuel de Rosas, de todos modos, está en el inventario como el hombre que gobernaba la Confederación cuando ocurrió la Batalla de la Vuelta de Obligado, cuya reseña es la siguiente:

"La batalla tuvo lugar el 20 de noviembre de 1845 como parte del enfrentamiento entre el gobierno de la Confederación Argentina, liderado por Rosas, y la escuadra anglo-francesa cuya intervención se realizó con el pretexto de lograr la pacificación ante los problemas existentes entre Buenos Aires y Montevideo. Pero en realidad pretendían lograr garantías que permitieran el comercio y el libre tránsito por el estuario del Plata y todos los ríos interiores pertenecientes a su cuenca. La escuadra anglo-francesa estaba formada por 11 buques de combate que navegaban por el río Paraná desde los primeros días del mes de noviembre. La principal fortificación argentina se encontraba en la Vuelta de Obligado, donde el río tiene 700 mts. de ancho y un recodo pronunciado dificultaba la navegación a vela. El general Lucio Mansilla hizo tender, de costa a costa, sobre 24 lanchones, tres gruesas cadenas. En la ribera derecha del río montó 4 baterías artilladas con 30 cañones, muchos de bronce, con calibres de 8, 10 y 12, siendo el mayor de 20, los que eran servidos por una dotación de 160 artilleros. Además, en las trincheras había 2000 hombres al mando del coronel Ramón Rodríguez y un único buque de guerra -el Republicano- que tenía como misión cuidar las cadenas que cruzaban el río. El combate se inició al amanecer con múltiples bajas por parte argentina: 250 muertos y 400 heridos, 21 cañones de la batería cayeron en poder del enemigo que los inutilizó. Asimismo, incendiaron los lanchones que sostenían las cadenas y se perdió el buque Republicano, que fue volado por su propio comandante ante la imposibilidad de defenderlo. Los agresores tuvieron 26 muertos y 86 heridos y sufrieron grandes averías en sus naves que obligaron a la escuadra a quedarse 40 días en Obligado para reparaciones de urgencia. Las repercusiones de la batalla tuvieron gran difusión en toda América. Chile y Brasil cambiaron sus sentimientos -que hasta entonces habían sido hostiles a Rosas- y se volcaron a la causa de la Confederación. Hasta algunos unitarios -enemigos tradicionales de Rosas- se conmovieron, y el general Martiniano Chilavert se ofreció a formar parte del ejército de la Confederación para defenderla de los enemigos europeos"
A raíz de la resistencia de nuestro país, manifestada en esta ocasión, y la actitud posterior de no ceder ante ingleses y franceses, que insistían en considerar al Paraná como un río internacional, fue que años más tarde terminaron firmando los acuerdos que dieron fin a la hostilidad. El acuerdo Arana-Deffaudis reconoce la soberanía argentina en los ríos interiores, se compromete a tributar al fisco nacional para circular por esos ríos y a saludar a la Bandera Nacional Argentina con una salva de 21 cañonazos.

Fue a raíz de esto último que el General José de San Martín legó su sable (seguramente lo más preciado para un militar) a Rosas con este texto en su testamento;

"El sable que me acompañara en las guerras de la independencia de la América del Sud le será entregado al Brigadier General don Juan Manuel de Rosas, quien con tanto empeño y determinación defendiera la Patria de las injustas pretensiones de extranjeros que pretendían humillarla".

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