Podría haber sido Tigregatica, porque a él le hubiese gustado más. Pero el apelativo de Mono lo definió por las buenas y por las malas, que son las que quiero incluir en este blog. Las buenas y las malas de antes y de ahora. Las mías y las ajenas. Las de nuestro país y las del mundo. Las que nos permiten vivir y las que nos obligan a hacerlo. En Dios creo, y en algunas personas (muertas y vivas) también. No demasiadas. Pero suficientes. Todos los demás, que paguen al contado.

miércoles, 8 de agosto de 2007

FASCINACIÓN DEL PELIGRO

En las antenas de la mosca que no nos intuye amistosos y finge una erección agónica. En el pétalo asombrado por la sombra de una mano que es caricia y guillotina. En el salto del cantante hacia la melodía y en el remanso dulce de un mechero auriazul. En la golosina del asfalto y en la libido del trampolín. En un cajero automático, en la carta por abrir y en la lencería fina. En el techo y en el sótano, en los huecos y en el silencio. Y en esa palabra que nombramos para que no sea ella quien nos nombre. Ahí está la fascinación. ¿Pero el peligro existe? ¿O es apenas un prólogo, un paisaje?

1 comentario:

Gabriel Ayoví dijo...

Martín, no podés con tu genio. Sos capaz de ponerle poesía hasta a un discurso de Macri. Hablando de peligros, ¿no, qué te parece?
Chau
Gabriel Ayoví