Podría haber sido Tigregatica, porque a él le hubiese gustado más. Pero el apelativo de Mono lo definió por las buenas y por las malas, que son las que quiero incluir en este blog. Las buenas y las malas de antes y de ahora. Las mías y las ajenas. Las de nuestro país y las del mundo. Las que nos permiten vivir y las que nos obligan a hacerlo. En Dios creo, y en algunas personas (muertas y vivas) también. No demasiadas. Pero suficientes. Todos los demás, que paguen al contado.

viernes, 2 de noviembre de 2007

ARROZ TIBIO

Paul Tibbets falleció ayer a los 92 años en su casa de Columbus, Ohio, Estados Unidos. El hombre tenía 30 cuando piloteó el avión B-29 (bautizado por él mismo como "Enola Gay", en homenaje a su madre). Esa aeronave lanzó la bomba de plutonio que destruyó por completo la ciudad japonesa de Hiroshima el 6 de agosto de 1945 y mató instantáneamente a más de 85.000 personas. Otras decenas de miles morirían con el correr de los años por los efectos devastadores de ese ataque, el más cruel, abyecto e inmoral, lanzado contra civiles a lo largo de la historia de la humanidad. Por su frialdad, premeditación y mayúscula alevosía.//
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Paul Tibbets. Todas las historias que no fueron caben en tu nombre. Una vida sin fe y otra consagrada. Una bolsa con juguetes y un cabello lacio adolescente, cepillado frente al espejo que devuelve certeza y movimiento. Las oportunidades perdidas y el aliento recobrado tras el breve asalto de la timidez. Las campanas de bronce llamando a sosiego, a la dicha, a la hora de tomar el tiempo por el cuello. Un camino sinuoso y bifurcado, plagado de verdes y de dudas. El color del azar brillando loco, imprevisto, efímero. Las caderas y los ojos. La mariposa del amor en el estómago. La paciencia y el fruto del esfuerzo. El arroz tibio y las sonrisas. Un mundo mecánico y altivo. La velocidad del tren, de la imagen, del viaje compartido. La quietud de las flores enlazadas y el severo sable terminal. El dolor, el odio, la sangre y el olvido. El miedo y el asombro, el retrato y el orgasmo, el agua fluyendo. La eternidad del cielo, del aire y de la luz, el fuego del sol, y hasta la muerte vital que nos robaste, Paul Tibbets, adonde quiera que estés, ahora, hoy, que sea lejos.

1 comentario:

Raúl Entraigas dijo...

Los norteamericanos no tienen perodn de Dios ni de los perros ni de nadie con sangre en las venas. Gracias por recordar.