Podría haber sido Tigregatica, porque a él le hubiese gustado más. Pero el apelativo de Mono lo definió por las buenas y por las malas, que son las que quiero incluir en este blog. Las buenas y las malas de antes y de ahora. Las mías y las ajenas. Las de nuestro país y las del mundo. Las que nos permiten vivir y las que nos obligan a hacerlo. En Dios creo, y en algunas personas (muertas y vivas) también. No demasiadas. Pero suficientes. Todos los demás, que paguen al contado.

sábado, 4 de octubre de 2008

UN CAMINO SIN RETORNO

Curiosidades del efemérides argentino. Mañana, 5 de octubre, se celebra lo que desde 1925 conocemos como "Día del Camino". Pergeñado para revalorizar la importancia del transporte terrestre, imaginado como enlace entre pueblos y entre estos y los puertos, con el fin último de exportar nuestras materias primas a precio de jolgorio para los dueños de la tierra, hoy, pobre "Día", anda un poco minimizado, subestimado. Cuando salió a luchar contra el tren, todavía el tren rodaba nacionalmente y conectaba a los argentinos componentes del mercado interno. Finalmente lo venció en forma artera, no sin miles de lobbies que, entre otros, incluyeron aquel emblemático "ramal que para, ramal que cierra". Y entonces el camino, con pies extraños, debió animarse de a poco, y más allá de la fiereza con que los favorecidos por el ripio transformado en asfalto trataron a quienes fatigaban sus vías para menesteres menos rentables que la devolución dolarizada del producto de la madre naturaleza para quienes no lo trabajan, sino que la exprimen.
Este sábado muchos caminos comienzan a albergar una nueva protesta de la patronal agropecuaria, defensora de sus propios privilegios en contraposición a los del país, como si vivieran en otro planeta. Y están nuevamente a la vera de los caminos, que los miran ahora con más recelo, después del enorme perjuicio causado (con la no querida complicidad del propio asfalto) durante los cuatro meses en que la dignidad de la Nación fue vapuleada por nazis confesos como Biolcati, oligarcas de linaje como Miguens, voraces toma-todo como Llambías, idiotas inútiles como Buzzi e idiotas útiles como el gaucho De Angeli.
Los caminos son los mismos. Los que transitan-transitamos por ellos, también. Sólo el destino que nos proponemos es hoy diferente. Decía Víctor Sonego en su extraordinario libro "Las dos Argentinas", algo así como el cuento de Borges "El jardín de los senderos que se bifurcan", pero escrito con otro tono, otro objetivo y otra potencia, que siempre hubo, hay y habrá dos Argentinas. La una: liberal, antipopular, laica y anglosajona. La otra: nacional, popular, cristiana e indohispánica.
El conflicto con los capangas camperos tiene mucho de eso. Sólo que ellos echaron mano a un elemento que debiera revistar en las filas de los contrarios. Se anudan la bandera al cuello, recurren al folclore y al acento de las poblaciones provinciales. Nada más ridículo que un liberal-gorila sacudiendo una bandera argentina al borde de un camino. O una señora de Recoleta maltratando otra en la esquina de Santa Fe y Callao. Pero se han apropiado de los símbolos. Y hasta hace poco, también de los caminos. Que se han hecho para andar, no para recular y retrotraer, los verbos que gustan a los conservadores, y hoy parece que también a enormes legiones de ladriprogresistas de izquierdas, asustados en sus cubiles universitarios o en la niebla de la estupidez que supura la pantalla.
"Al andar se hace camino, y al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca, se ha de volver a pisar" (poeta dixit). La argentina nacional y popular ha recorrido un largo camino, con sus baches y sinuosidades, con sus dudas y sus atajos. Pero siempre con el objetivo claro de despejar el horizonte, y en este caso los obstáculos diseminados por esos caminos, los mismos que alguna vez provocaron la caída de Salvador Allende, cruzados en las rutas como barreras infranqueables al progreso íntegro y al recorrido compartido. Hoy están a la vera, al costado, con menos apoyo mediático, pero envalentonados por aquel voto no positivo del vice de la no decencia, aunque pragmático para despejar su propio camino político, que -si hubiera un tribunal vial irrefutable- debiera conducir al cementerio del ridículo.
La Argentina ha elegido para este tiempo un camino que no es alternativo, es el original (con los errores que la brújula y los guías nos deparen). El camino increíble de circular sin muletas, sin mostrar más documentos que el origen, sin permitir que nos enchastren las rutas con leche derramada, con perversidad declamada, con bandera basureada.
Es, nuevamente, el viejo camino nacional frente al callejón sin salida del liberalismo, cuyos sostenedores podrían estar celebrando esta tarde de primavera, acaso únicamente un nuevo incremento en el precio del peaje, ese artilugio ganancial destinado al latrocinio de cuatro vivos y a la desaceleración de los que viajan sobre la idea del camino. Pero las carreteras (también los pasadizos y los puentes) vuelven a ofrecérsenos dispuestos a que arranquemos, así nomás, con la fuerza y la convicción con que se cuente. Que nos pongamos en camino, una vez más. Como aquella vez (pronto se cumplirán 63 años), cuando un ejéricito irregular de overoles y alpargatas comenzaron en Berisso y Ensenada la marcha definitivia hacia la dignidad, de la que -gracias a Dios- jamás regresaron, talvez por que se trataba de un camino sin retorno. Sobre ese suelo, sobre esa base irrebatible, entonces: en camino.

viernes, 3 de octubre de 2008

DERECHA: EL CANDIDATO ES BINNER

Por presencia física y visual, prosapia partidaria, gestión administrativa, historia transparente, carencia de enemigos visibles, buen trato con todo el mundo, preparación intelectual, condición de médico (interesante) , cartel-chapa de progre moderado, cercanía sin franela con otros opositores, respeto por los galones y ajeno al circo mediático (un bien muy valorado a la hora de votar, por los reaccionaros que consumen diariamente ese mismo circo, o directamente son parte de él). Por todo eso, y aun mucho más que se irá viendo con el tiempo, puede decirse que la derecha argentina ya tiene su candidato presidencial en serio para las elecciones de 2011.

El candidato no es otro que el actual gobernador de Santa Fe, el socialista Hermes Binner.
Mide bien en todas las encuestas. Pertenece a un partido centenario, que jamás ha llegado al sillón de Rivdavia. Su relación con el gobierno y la oposición es tipo “sí, cómo no, pero lo vemos más adelante”. Fue dos veces intentente de Rosario e hizo la plancha sin problemas. En Santa Fe le va igual, salvo que alguna inundación le obligue a mojarse. No tiene denuncias en su contra ni muertos en el ropero. Le encanta a las señoras gordas y chetas de los centros urbanos, tan buen mozo y modosito. Lo del socialismo argentino, se sabe, es una denominación menos sugerente que San Lorenzo “de Almagro” (que fue de Boedo y ahora de Nueva Pompeya o el Bajo Flores). Es decir, no es lo que parece ni crispa los nervios del establishment. La palaba socialismo está más devaluada que Blumberg.

Binner no será segundón de Macri, ni de Carrió ni de Cobos y finalmente acumulará para sí todo el grueso de la oposición antiperonista. Porque Macri no mueve ni moverá el amperímetro fuera de la capital, y Hermes parece un gaucho europeo, como lo fue su maestro Guillermo Estévez Boero, un terrateniente santafecino, afecto al mate, a la literatura y a la moderación, esto es, a que todo siga igual, mientras intentamos que cambie, si es posible dentro de 200 años. He ahí el credo del socialismo argentino, bien llamada la pata izquierda del liberalismo vendepatria de toda la historia.

Binner “da” bien, se maneja bien. No grita, no gesticula, sonríe cuando corresponde. No se casa on nadie. Chávez le irrita, Evo le irrita, Correa le irrita. Le irritan a su socialismo sarmientino, pacato e insanablemente inútil para un país que vio pasar sin aportarle nada ¿O sí?

Le aportó a Juan B. Justo intentando ser libres y soberanos pero con el visto bueno de Inglaterra. Nada de lío en las fábricas. Nada de ruido en la calle.
Le aportó a Américo Ghioldi, trepado a una banca del Congreso, pidiendo cárcel para dirigentes sindicales y sociales. O vociferando "¡se acabó la leche de la clemencia!".
Le aportó, finalmente, al primer diputado socialista de América, Alfredo Lorenzo Palacios, dueño del ego más grande nacido y crecido por estas tierras. Capaz de batirse a duelo sabiendo que el duelo se impediría. Propulsor de una avanzadísima legislación social y laboral, pero incapaz de participar de un gobierno que la promulgó, gracias a la mayoría que él nunca tuvo ni quiso integrar, porque prefirió cautivar adolescentes con su verba inflamada en la Universidad, en vez de ensuciarse en el barro de la intemperie.

Palacios pasó del cielo al infierno de la historia argentina, el día que aceptó convertirse en el primer embajador designado por la “Libertadora” en 1955. Su destino diplomático fue el Uruguay. Su destino ético, irrecuperable.

Pues bien, a la sombra de ese pasado partidario, con su propia impronta, que la tiene, y a estar por una oferta raída de candidatos potables cuando corran los pingos, ahí estará Binner para representar los intereses de la derecha argentina. Lo hará sin gestos altisonantes. Así como se encolumnó con la patronal terrateniente durante el lockout campestre. Así como opera siempre a favor de los militares cuando le pasan el santo de un posible escrache.

Para payaso ya está Cobos. Para payasa, Carrió. Y para perdedor por falta de roce, Mauricio. El establishment se jugará en serio y en su momento contra la continuidad kirchnerista. Acaso a todo o nada. Buscaron bien. Los tres de arriba quitan más de lo que traen. Para hacer los mandados bien de bien, sin que se espante la gilada progresista (mientras se suman los trogloditas del menemismo) , ahí estará don Hermes, pa’ lo que gusten mandar.

martes, 30 de septiembre de 2008

Y POR SUPUESTO, ODIA A CRISTINA

Este texto pertenece a Eva Row. Pueden leer más, de similar calidad, en su refugio de www.lacosaylacausa.blogspot.com

Durante el primer Gobierno de Perón la industria creciente y toda actividad que reclutara asalariados, se vió forzada a repartir sus ganancias con la clase proletaria gracias a la sindicalización y las leyes de protección social. No fueron los obreros de fábrica los que ascendieron a la clase media. Ellos terminaron sus días en la casita del conurbano, comiendo verdura de una huertita plantada en lo que se llamaba “el fondo” , en el que no faltaba el gallinero que proveía pollos y huevos. Algunos sobreviven, como don Ayala, que se vino del Chaco a los dieciséis años en el 48 y fue obrero toda la vida. Fundó una familia de seis hijos, y hoy viudo sigue en la misma casita con una linda jubilación, y un kiosco abierto del comedor a la calle, como para no aburrirse ni llorar porque extraña el mate que le cebaba la vieja.Los que hicieron la clase media fueron los que salieron de mucamos y porteros, a ponerse el almacén. Fueron los que pasaron de ser artesanos por cuenta propia o “dependientes”, a organizar sus talleres propios y establecer comercios de todos los ramos.Esta clase media fue posible porque creció el salario del obrero durante el Peronismo. Todos, obreros, asalariados e independientes, podían comprarse la casa. El obrero, un terreno a plazos con hipoteca del Banco Hipotecario en el conurbano, se levantaba las paredes el fin de semana. El comerciante y tallerista, en las ciudades, gracias a la Ley de Propiedad Horizontal sancionada despuès de una dolorosa prórroga de la Ley de Alguileres que decidió “voluntariamente” a los propietarios de edificios de renta, a desprenderse de los departamentos por los cuales estaban cobrando “chauchas”. Así, con mucha ayuda del Estado Peronista, se conformó una clase obrera con beneficios y asistencia pública, y una clase media cuentapropista, laburando unos y otros como burros.Los hijos de cada clase tomaban rumbos diferentes, unos profesionales que culturalmente aspiraban a los códigos sociales del salón oligárquico impuestos en las películas de Artistas Argentinos Asociados, Argentina Sono Film, etc. Otros siguiendo el camino paterno de obrero de fábrica o talleristas mecánicos, o profesiones libres como albañil, plomero, electricista, panadero o modista de barrio. Pero todos estaban bien. Todos trabajaban sin tregua. Todos eran más o menos laburantes de la vida y se podían dar algunos gustos y vivir tranquilos. En esos años gloriosos, los obreros entendieron lo que les diò el Peronismo, pero los otros no lo entendieron nunca. A unos los protegìan las leyes del Estado que cuidaban el salario, a los otros los criaba el mercado que les parecía generado por obra del “espìritu santo”, sin traslucir que el mercado había sido creado gracias a las leyes que protegìan al asalariado. ¿Qué podía entender esa clase media devenida ayer de los barcos de la miseria europea, algunos de los cuales eran semi·analfabetos que aprendían a hablar castellano? Claro que eran buena gente y laburadora, pero el Peronismo les era ajeno, y encima le echaba la culpa del “aggio y la especulación” cuando los tanos levantaban el precio de la verdura en el mercado Spinetto, y venía un inspector a clausurarle el puesto con las cámaras del Noticiario Argentino que escrachaba al pobre tano en la función de cine de barrio, todos los dìas durante un mes. Un tano de mi barrio no quiso salir a la calle de la verguenza todo ese mes. El hijo tiene hoy una verdulerìa en un local que le compró el papá, un departamento de tres ambientes y una 4×4, y por supuesto, odia a Cristina.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

DEL MONO GATICA, AL GORILA ELIASCHEV

El periodismo escrito de hoy es mayoritariamente ilegible por cuestiones sintácticas y/u ortográficas. En una proporción minoritaria existen buenas plumas como Pepito Eliaschev, quien lamentablemente padece, desde hace un año aproximadamente, una enfermedad acaso congénita, que permanecía latente en su organismo. Ese mal despertó el día que alguien autorizado le comunicó que en la fecha previsible del vencimiento de su contrato laboral con una emisora de radio pública (de las que pagamos todos) ese vínculo no sería renovado. Esto es, una facultad que TODOS los contratistas tienen en el mundo y desde siempre, lo que obviamente no da derecho al pataleo ni a una acción judicial, dado que las partes han respetado todos los términos del contrato pactados en el inicio de la relación entre ambas. La enfermedad de Eliaschev es una rara mezcla de voracidad material con gorilismo salvaje. De todos modos, en este simpático bienpensante de clase media, lo que priva es el primer término de la ecuación. Porque Pepe, a favor del impresionante bolonqui que armó con el meneo de su “despido”(¿?) bien recogido y reproducido por la cadena nacional privada sojera (es decir, el 90% de los medios) consiguió, no uno, sino 20 conchabos laborales mejores que aquel que lo unía con la precaria radio Nacional. A eso apuntó Eliaschev, a cargar su cuenta bancaria a caballo de un sofisma, esto es: transformar la normal caducidad de un contrato en una patada en el culo por cuestiones ideológicas. No pensó ni dijo que esa radio pública le bancó durante cuatro años que usara el micrófono oficial para agredir al gobierno ¿Qué esperaba, una medalla de oro? Sin embargo, está dicho, no lo echaron. Aguardaron a que el contrato muriese -ya que no el contratado, pese a su enfermedad-. Ahora Pepe da rienda suelta a su gorilismo impecable (es cierto) en diarios, radios, canales de televisión, Perfil, conferencias pagas, almuerzos con Mirtha, fotos con Cobos, autógrafos con Buonanotte. Todo le sirve para sumar a este mercachiflecagatintas, siempre escuchado por un público políticamente correcto: billetera gruesa, zapatitos blancos, poco coco nacional. Pese a nuestros invariables e irreversibles disensos, le deseamos a Pepito un pronto restablecimiento porque, como decía mi abuela, las mortajas no tienen bolsillos. Y todavía hay tantas radios, tantos diarios, tanta TV para llenar el tanque de la codicia, y nada menos que haciendo lo que mejor uno sabe: falsear o construir la realidad, a favor de los dueños de la guita, que siempre son generosos con soldados como Eliaschev, quien además escribe bien. No es poco. Podríamos decir que es demasiado.

martes, 23 de septiembre de 2008

EL RACISMO NO SE MANCHA

Estas líneas persiguen el sincero propósito de demostrar la vigencia de lo que alguna vez (no sin polémicas ni dolores de cabeza para él) afirmó Umberto Eco en uno de sus tantos mini-ensayos distribuídos por el mundo. Dijo allí que un niño de seis años que considere “basura” a otro de su misma edad, sólo porque el color de piel o la condición social de éste es diferente de la suya “no tiene remedio, siempre será racista”. Agregó que lo que se aprende en el hogar, no lo modifica ni la escuela, ni las campañas de concientización, ”ni mucho menos las leyes”. El fútbol es un ineludible escenario argentino, para cualquier asunto, para cualquier contrapunto. Entonces, vale subírsele a los hombros para encarar (también) desde allí una aproximación al tema del racismo.
Hace unos años, la Asociación del Fútbol Argentino, ante reiterados pedidos del Club Atlético Atlanta, cuyos dirigentes (aunque no sus hinchas) son desde hace tiempo mayoritariamiente judíos, resolvió a través de su comité ejecutivo tomar cartas en el asunto. Para ilustrar, transcribo aquí una nota aparecida en Clarín el 6 de junio de 2000, firmada por Guillermo Tagliaferri, y después (vale la pena seguir hasta el final) les cuento cómo continuó el tema: Decía Clarín:
‘Hacer lo correcto, muchas veces resalta. Por falta de costumbre o por considerar normal lo anormal. Un ejemplo fue la decisión del árbitro Ricardo Sugliani, quien reconoce: “Hice lo que correspondía”.
Sugliani —nacido el 3 de mayo de 1958, en Vicente López y con 15 años en el arbitraje— repite su historia trascendente: “Iban veintiocho minutos del partido entre Talleres de Remedios de Escalada y Atlanta, cuando los hinchas locales empezaron con cánticos antisemitas. ¿Cuáles? ”Judíos h… de p…” Me di cuenta y estando el balón detenido, llamé a los capitanes y al jefe del operativo. Les expliqué que si los hinchas seguían con ese coro discriminatorio y agraviante, suspendía el partido. Lo anunciaron por los altoparlantes y el capitán y el técnico de Talleres se acercaron al alambrado para pedir a los hinchas que depusieran su actitud”.
Agrega que “entonces se acabaron esos cantos y el partido continuó desarrollándose normalmente hasta el final. Noté que los hinchas locales pasaron a manifestarse violentamente contra mí cada vez que cobraba alguna infracción. Pero los gritos contra la colectividad judía se acallaron. Eso sí, resurgieron apenas terminó el partido, cuando ya era imposible suspenderlo. Todo quedó registrado en mi informe”.
—¿Hubiese suspendido definitivamente el partido si seguían los cantos?
—Sí. Mi decisión estaba tomada: de ninguna manera iba a seguir jugando si no cesaban esas agresiones. Respeté la resolución del Comité Ejecutivo de la AFA publicada en el boletín oficial número 3100 del 21 de marzo pasado. Si hubiesen cantado ”Bohemio, h… de p…”, no hubiese hecho nada. Pero entraron en un tema doloroso, con cosas muy graves que ocurrieron en el pasado y que incluyeron la muerte de muchas personas por el sólo hecho de pertenecer a la comunidad judía.
Sugliani, durante la entrevista con Clarín en la sede de la Asociación Argentina de Árbitros, enfatiza: “Formo parte de la comisión directiva de esta Asociación y desde que asumimos encaramos una lucha constante para terminar con todo tipo de discriminación”.
De su puntapié inicial en esta campaña, dice: “Simplemente espero que con este pequeño granito de arena la gente recapacite y no insista con esta forma de generar violencia. La picardía de la tribuna se puede expresar de otras maneras”.
— El domingo hubo cantos discriminatorios de los hinchas argentinos contra Bolivia. ¿Hubiese suspendido ese partido?
—Es díficil suspender un partido de eliminatorias. Es cierto, hubo referencias despectivas hacia los bolivianos. Pero sólo soy responsable y opino de los partidos que dirijo. Y el sábado hice lo correcto.
Hasta aquí, la primera parte. Pocos días después, el 18 de junio del mismo año 2000, el mismo árbitro Sugliani debió suspender, esta vez definitivamente, un partido entre Flandria y Defensores de Belgrano, porque los hinchas de éste último equipo no cesaron de entonar sus cánticos antisemitas. Pero, ¿contra quién cantaban, si Atlanta no jugaba allí? Quedó claro que encontraron la manera de suspender un partido, por ejemplo cuando el equipo propio va perdiendo 7 a 0. Un par de “judíos hijos de puta”, y ahí va el referí de Grondona a suspender el encuentro. Un verdadero dislate, que prueba en principio que el racismo no se puede suspender por decreto ni por ley, y que en este caso sirve además para que los racistas le tomen el pelo a las instituciones.
El último capítulo de este mamarracho volvió a protagonizarlo la misma hinchada de Defensores de Belgrano, esta vez sí, en un partido contra Atlanta, cuyo equipo fue recibido bajo una lluvia de pequeños jabones, cuyo significado no necesita demasiadas explicaciones. El árbitro de ese partido, un tal Derevnin, no aplicó el reglamento, nunca se supo si porque no se dio cuenta de lo que ocurría o porque consideró válido lo que intentamos demostrar más arriba, esto es, que así no se arreglan las cosas. Lo más trágico del asunto, es que los hinchas de Defensores tiraban los jabones desde una tribuna de su estadio bautizada -como homenaje- con el nombre de un colega de tablón desaparecido durante la última dictadura, un tal Marquitos, que no fue otro que el hijo del recordado actor Marcos Zucker, ambos judíos, para más datos. Como se ve, la quintaesencia de la estupidez.
Para el final, el actual presidente de Atlanta, el joven abogado Alejandro Korz, es una de las personas más conocidas por el personal del INADI, ya que presenta por lo menos una denuncia mensual contra el antisemitismo de las hinchadas de los equipos que se enfrentan regularmente con Atlanta por el torneo de Primera B. Su suerte es diversa pero tiene prensa. El que no la tiene es alguien que le sugirió varias veces que cambiara de estrategia (por aquello de que la citada resolución 3100 de AFA siempre fue tomada para el churrete). Esa misma persona lo puso en autos de algo más serio, al preguntarle qué pasaría si los dirigentes de los otros clubes que se miden con Atlanta, presentasen semanalmente una denuncia contra ese club, cuyos hinchas (judíos o no) atacan o se defienden cantando contra “villeros, negros de mierda, etc.). Ocurre aquí que -parece ser- la Argentina ha hecho carne que el antisemitismo es discriminación, y bienvenido que se haya tomado nota, aunque no al precio de dar por terminado el entuerto obviando todas las demás expresiones agraviantes dirigidas contra personas o instituciones.
No por nada, Luis D’Elía está procesado por golpear a un señor que lo insultaba con el clásico “negro de…”, sin que esta persona haya sido denunciada por ningún testigo de sus improperios. Ni qué hablar del amigo Biolcati, el vicepresidente de la Sociedad Rural Argentina, que repitió por lo menos tres veces en una semana (ante las cámaras de la cadena televisiva privada de la soja) que el reclamo de los patrones del agro se manifestaba en piquetes constituídos por gente blanca. Leí crónicas y escuché comentarios radiales y televisivos sobre las declaraciones de Biolcati. En ningún caso mencionaron el detalle “ario” citado por el dirigente. Algunos de esos comentarios fueron suscriptos por periodistas archiconocidos en el medio por sus simpatías hacia Atlanta, contentísimos con la denodada cruzada del presidente Korz, y -como mínimo- tan ingenuos como el árbitro Sugliani.
Eco sigue teniendo la razón. Lamentablemente.

sábado, 13 de septiembre de 2008

EL DÍA DEL BOXEADOR

Mañana, en la Argentina, se celebrará el DÍA DEL BOXEADOR, en conmemoración de la primera pelea de un compatriota por un título mundial profesional. Luis Angel Firpo, de él se trata, combatió en aquella ocasión con el campeón pesado estadounidense Jack Dempsey en el Polo Grounds de Nueva York. Tiró del ring a su rival en el primer asalto y luego perdió por nocaut en el segundo, de un choque que hubiese tenido otro rumbo con las reglas que rigen el pugilismo actualmente. Dempsey fue ayudado a volver al cuadrado y, lejos de ir hacia un rincón neutral -como se obliga ahora- impidió que Firpo se recuperase luego de cada una de sus siete caídas, golpeándolo antes de recobrar la vertical. Es historia. Fue el 14 de septiembre de 1923. Lo bueno es que allí comenzó 'otra' historia, la del boxeo nacional, que entre otros logros le dió al país 25 medallas olímpicas, 7 de oro (mucho más que el resto de los deportes) y que más tarde inscribió una treintena de apellidos como campeones profesionales, a cual más distinguido. Hoy, de todos modos, es importante decir que subsisten algunos mitos con respecto a esta actividad, que merecen ser derribados con un puñado de frases, como éstas:
"Para triunfar en el boxeo se necesitan tres cosas. Primero hambre, segundo hambre y tercero hambre". (Jack Dempsey).
"El boxeador es el muchacho que reparte barras de hielo subiendo cinco pisos por escalera. El trabajo del manager es cuidarle el carrito en la puerta de calle". (Joe Louis, campeón mundial pesado, como Dempsey).
"De hecho, me enamoré de los movimientos audaces de los boxeadores; del aroma salvaje del peligro; de los guantes coloridos, símbolos del poder. Me enamoré del boxeo". (Marvin Hagler, campeón mundial mediano).
"El boxeo es una primitiva forma de arte, tan primitiva como el nacimiento, la muerte o el amor erótico. Las experiencias más profundas de nuestra vida son acontecimientos físicos, aunque nos consideramos, y seguramente somos, seres esencialmente espirituales". (Joyce Carol Oates, escritora estadounidense).
Y cerramos con otra frase para derribar mitos: TODOS LOS BOXEADORES NACEN POBRES. (Algunos continúan y terminan pobres. Otros llegan a ricos y terminan pobres. Pero hay muchos que después del ring viven dignamente y mueren de ese modo).
El lugar común que deposita a los pugilistas en el fondo del tarro social es otro insoportable prejuicio de la clase media, siempre atenta para lamer botas de poderosos, parada en los hombros de los más débiles. Fue, es y será así. También en la Argentina, donde mañana volverá a festejarse el Día de un modesto trabajador, deportista o no. Esta disyuntiva es un mero entretenimiento para personas que jamás polemizarían acerca de la esencia del oficio de albañil, minero, aviador o policía, y mucho menos reclamarían la abolición de esos oficios, dado que necesitan de ellos para vivir sin sobresaltos. Es decir, todo lo contrario de lo que significa calzarse los guantes para pelear por una vida que valga la pena.

jueves, 11 de septiembre de 2008

(SET-11) IMPRESIONES EN COLOR

De pronto, la breve y grasienta pantalla dominada por el cielo azul de Manhattan, toma el color de la pared en el vencido bar que le sirve de soporte. En un segundo, la polvareda sale del cuadro y cubre de blanco helado los campos de Malvinas, los ojos asombrados de ochocientos cadáveres argentinos. Enseguida es morada y violeta sobre el amarillo de cien mil rostros y sobre el ya nunca verde de las plantas en Hiroshima. A un paso, revienta de naranja y de napalm encima de millones de vietnamitas que corren desnudos por la carretera. Ahora es gris interminable bajo las tribunas del estadio nacional de Santiago de Chile, mientras las rojas manos de un cantante son presa del serrucho y luego contenido de un balde. Finalmente, es negra como la milenaria noche de la suerte palestina. El cículo se cierra frente a la vieja ceguera de la memoria. Al abrirse, el cielo azul de Manhattan sigue gobernando la pantalla de tv. Y estamos de duelo, nos dice -en sobreimpreso- el presidente De la Rúa.

SARMIENTO RACISTA

Se conmemora hoy el 120º aniversario del fallecimiento de Domingo Faustino Sarmiento, presidente, político, escritor, educador e injusto propietario del podio eterno entre los próceres de nuestra historia oficial, compartiendo medalla y toneladas de bronce liberal junto con Bartolomé Mitre, el padre de esa misma historia unidireccional que supimos conseguir y padecer.
Sarmiento fue un racista.
Y ese calificativo no lo niegan ni sus apologistas. Lo que hacen desde siempre es batir el parche con aquello de que “no hay que sacar de contexto histórico, geográfico y político a los hombres y a los hechos de esa misma historia”. Poco convincente, para mi gusto. Tampoco, entonces, habría que sacarlo a Hitler, quien obviamente tiene menos prensa que el autor de ese maravilloso libro que es “Facundo”. Porque Sarmiento fue un enorme escritor, de eso no hay duda. Pero fue un racista.
La innumerable bibliografía que contiene frases, escritos, discursos y artículos periodísticos donde Sarmiento dio rienda suelta a su odio ancestral hacia todo lo que fuese autóctono (la barbarie), cierto que escasamente incluída en las universidades argentinas y jamás citada en las escuelas primarias y medias, es inversamente proporcional a la difusión de la también innumerable biblioteca que trata de justificar las barbaridades que Sarmiento pronunció o llevó a la práctica en defensa de la “civilización”, esto es, nada que no fuera inglés o estadounidense, como contracara de cualquiera cosa (hombres y cosas) que surgiera del suelo donde él mismo nació, aunque nunca consideró propio, en el íntegro sentido de la palabra.
Sarmiento odió a los indios, a los negros argentinos, a los gauchos, a todo el arco latinoamericano e inclusive a los españoles, a quienes consideraba una raza inferior europea. Está en sus libros. Jamás desmintió nada. Sarmiento tenía un estilo literario y oratorio tremendo, a la altura de las diatribas hitlerianas, por contenido e intensidad. Ocurre que la historia y la geografía le jugaron en contra. O lo hicieron jugar en el patio de atrás, con la lógica decepción que ese hecho le provocó. Entonces pretendió trasladarnos al primer mundo de su época en brazos de una “educación para todos”, o sea, para todos los que desde ese momento, con guardapolvo blanco unificador, colocaran los cimientos y los pilotes de una verdadera colonia, no una colonia de cuarta categoría. Si haremos las cosas, las haremos bien, podría haber lanzado en algunos de sus encendidas proclamas de barricada inútil, a favor de los imperios y en contra de la propia sangre.
Un reciente contrapunto protagonizado en Página 12 por Osvaldo Bayer y el ministro de educación macrista Mariano Narodowski es más que ilustrativo en este asunto. Allí Bayer rescata el sesgo educador de Sarmiento, al tiempo que demuele su figura al considerarlo, como en este post, un racista hecho y derecho. La polémica con el funcionario pro-porteño surgió de la inconsulta decisión de Mauricio, consistente en considerar obligatorio para los alumnos primarios porteños, cantar el Himno a Sarmiento en todos (sí, todos) los actos escolares del año lectivo. La idea de Macri (ya puesta en práctica) no sorprende para nada. Él es hijo de la educación sarmientina. Como lo somos todos los argentinos, sólo que él (su partido, su clase social, su entorno) interpretaron perfectamente las ideas del intocable sanjuanino (el mendocino era Nicolino Locche). Lo triste es que el resto nos educamos con los mismos principios, contrarios a toda idea de Nación soberana, independiente e igualitaria. Porque si hay una contradicción suprema en la historia nacional es la coincidencia de liberales, conservadores, socialistas, radicales (y no pocos peronistas, aunque no el peronismo orgánicamente) en ejercer la defensa de la figura de Domingo Faustino, sin contraponerla automáticamente con quienes fueron sus enemigos, esa “lacra bárbara” que Sarmiento denostó, persiguió, mandó a asesinar (Peñaloza) y hasta a festejar asesinatos. Volvemos a Bayer, a Página 12 y a los libros del ex presidente.
Escribió el prócer: “Un día vendrá al fin, que lo resuelvan, y la esfinge argentina: mitad mujer, por lo cobarde, mitad tigre, por lo sanguinario, morirá a sus plantas…” Esto lo dijo por Rosas, pero obsérvese (y al diablo con el contexto) lo que Domingo pensaba de la condición femenina.
Y otra: “Hubiérase explicado el misterio de la lucha obstinada que despedaza a la República. Hubiérase asignado su parte a la configuración del terreno y a los hábitos que ella engendra: su parte a las tradiciones españolas y a la conciencia nacional, inicua, plebeya; su parte a la barbarie indígena; su parte a la civilización europea”.
Y otra (también extraída del “Facundo”): “España, esa rezagada, unida a la Europa culta por un ancho istmo y separada del África bárbara por un ancho estrecho”. He aquí también un mazazo para el África negra, que luego trasladó al terreno local cuando saludó la masacre de negros nacionales en la Guerra contra el Paraguay, esa guerra de la Triple Alianza donde los liberales como Mitre y Sarmiento siguieron las órdenes del imperio inglés para destruir al Paraguay, en ese tiempo el único país sudamericano antiimperalista y autónomo, el más adelantado en 1865 y el más progresista, tanto, que generó la inquietud irracional de las potencias europeas, que conchabaron a sus gerentes sudamericanos para llevar un (otro más) plan de exterminio.
Y una más: “Dicen que somos amigos de los europeos y traidores a la causa americana. ¡Cierto!, decimos nosotros ¡somos traidores a la causa americana, española, absolutista, bárbara ¿No han visto revolotear por ahí, sobre nuestras cabezas, la palabara ’salvaje?’”.
Y dale: “Las fusión en nuestra tierra de españoles, indígenas y negros ha resultado un todo homogéneo que se distingue por su amor a la ociosidad e incapacidad industrial, cuando la educación no viene a poner espuela (¿?)”.
Bueno, el remate podría ser su hito que trasciende los siglos: “No ahorre sangre de gaucho”. Y su mejor contribución, el haber contratado maestras de Estados Unidos para educarnos según sus normas imperialistas, que no otra cosa vinieron a hacer aquí (¿o que se creía, que vendrían a formar individuos revolucionarios?). Sarmiento es el padre de la educación argentina, como Roca es el padre del progresismo. Uno educó para la colonia y la entrega, el otro asesinó más de un millón para que fuéramos modernos. Nadie les quita esas medallas. Y acaso por eso Macri quiere reivindicar a Faustino, obligatoriamente, como manda su prosapia democrática, en las escuelas de la ciudad. En una de ellas, ubicada en el barrio de Flores Sud, y citada por Bayer en su nota, en setiembre de 2007 los alumnos de séptimo grado se negaron a cantar ese himno el Día del Maestro. El director, Enrique Samar, les pidió que fundamentaran esa decisión. Los alumnos lo hicieron y el himno no se cantó. Eso fue en la era pre-Macri. Veremos este año.
Como colofón, y a tono con el tufillo oligárquico-campestre que todavía nos invade con su vaho, vale otra historieta reciente. Unos días después de concluído el conflicto con el triunfo de los dueños de la tierra y del voto de Clotocobos, se reunieron (entre otros) en el Alvear Palace Hotel para festejar una nuevo aniversario de la fundación de la empresa azucarera Ledesma, nada menos que José Alfredo Martínez de Hoz y Luciano Miguens, con el octogenario titular del emporio jujeño: Carlos Pedro Blaquier, el mismo que consumó junto a las fuerzas armadas y de seguridad el recordado “Apagón” entre el 20 y el 27 de julio de 1976, durante el cual fueron secuestrados 400 trabajadores y delegados del ingenio, 30 de los cuales aun permanecen desaparecidos. Ellos lo hicieron: cortaron la luz con el beneplácito y la orientación de los Blaquier y consumaron una de las tropelías más aberrantes de aquel tiempo. Nosotros, mientras tanto, seguimos consumiendo el azúcar de Ledesma… Y aquí viene la relación:
En carta de lectores publicada el 20 de enero de 2001 por el diario La Nación (¿qué otro?) y con el título de “La Envidia Igualitaria”, Carlos Pedro Blaquier dice estas cosas, entre muchas más; “La propia naturaleza ha puesto en los hombres muchísimas y muy grandes desigualdades, pero los hombres mejor dotados han sido siempre minoría. Son muchos menos los que se encuentran en los sectores más altos de la escala, que los que se encuentran abajo. Pretender eliminar estas desigualdades es ir contra el orden natural de las cosas y desalentaría a los más aptos para realizar la labor creadora del progreso ¿Qué aliciente tendrían en manifestar sus talentos si recibieran el mismo trato y los mismos beneficios que los menos dotados?”
Y sigue: “Es comrpensible que por las características de la naturaleza humana, los de abajo se consideren injustamente tratados e intenten sustituir a los mejor dotados. Eso es lo que con toda razón se ha llamado “La Envidia Igualitaria”.
“Conozco demasiados argentinos que se han destacado en el exterior. Saben que si se hubiesen quedado en el país no habrían tenido la oportunidad de manifestarse como hombres excepcionales y estarían ubicados en la extensa franja de los mediocres. Hace pocos días, Domingo Cavallo dijo que nuestro presidente de la Nación (por ese tiempo Fernando de la Rúa) será el SARMIENTO del siglo XXI ¡Ojalá que tenga razón! Sarmiento trajo grandes maestros al país y creó las estructuras básicas de un buen sistema de enseñanza. Varias décadas después hicimos las cosas al revés. Hoy los resultados culturales y educativos de este cambio de rumbo están a la vista”.
Bien, la carta de Blaquier nos pone cara a cara con la Argentina racista, que no solamente anida en la alta burguesía, sino -y lamentablemente- en extensos bolsones de la clase media. Miles y miles de veces por día en nuestro país, alguien pronuncia su “negro de mierda” personal y patético. Y no habrá nadie que nos salve de ese oprobio, por más campañas callejeras de concientización que se les ocurran. El virus lo inocularon antes. Claro que el racismo es esencialmente europeo (y de ahí venimos casi todos). Claro que los estadounidenses vienen también de allí. Pero todo bien regado y sazonado con la ideología y la portentosa labia del gran Maestro, el gran civilizador, el incuestionable reproductor argentino de una patología que siempre amenaza con reventar el mundo: el racismo (y no sólo el antisemita), una adquisición que circula por muchas cabezas en nuestro país, que encarnan tanto oligarcas como muchos docentes; que saludan los Macri y los Blaquier, en fin, todos los que promueven ¡Gloria y loor, al gran Sarmiento!, como reza el himno que su hijo, señora, también entona, obligatoriamente, en cada acto de la escuela pública porteña.
Sarmiento fue un racista. Y también muchas otras cosas. Porque nobleza obliga, dijo mi amigo, el contexto.

sábado, 6 de septiembre de 2008

BALANCE DEL GORILISMO OLÍMPICO

Como ex profesional del rubro y actual docente de Periodismo Deportivo en varias escuelas porteñas, me atrevo a formular algunas apreciaciones, a tono con el clima olímpico que comienza a desvanecerse después de sacudir o abrumar, usted dirá, todo como balance del balance, cuando Beijing comienza a ser un recuerdo. 1- La gran mayoría de los periodistas deportivos argentinos actuales adolece de las mismas carencias que el resto de sus colegas, es decir, conocen poco de historia argentina y menos de historia internacional. Obviamente, no tienen capacidad para establecer comparaciones de ningún tipo. Saben qué es bueno pero no qué es mejor, porque no tienen marco de referencia. En segundo lugar, les caben las generales de la ley, esto es, también son mayoritariamente gorilas y -como sus pares de las secciones de política y economía-siempre tratan de llevar agua para el molino antiperonista, o sea, inocentemente o adrede, juegan para los dueños del poder, en este caso mediático, actual herramienta básica para sojuzgar a los pueblos, con más prolijidad que antiguas ordalías militares. Por ejemplo, fustigan a la Secretaría de Deportes por el bendito "apoyo" que ni siquiera saben qué es, ni a cuánto asciende, porque están muy ocupados con la rodilla de Martín Palermo. 2- Aclaración sobre las supuestas calamidades provocadas por el peronismo. Es curioso, deportivamente. La máxima cosecha de medallas olímpicas (8) se obtuvo en 1948, y no fue en deportes colectivos, como ahora se quiere minimizar. Hubo dos oros en boxeo y uno en el (nada menos...) legendario marathon. También se logró un oro en Helsinki 52 (remo). Y desde allí hasta 2004, nada de nada dorado. Habría que preguntar por cuáles razones, a los que gobernaban el país cuando se realizaron los Juegos de los años 1956-60-64-68-72-76-80-84-88-92-96-2000. Sí, ¡bingo!: ningún peronista, salvo Menem, que en 1992 y 1996 era ya la antítesis del peronismo. Extrañamente, después de 52 pirulines, Argentina volvió al podio de oro en 2004 y 2008, con 4 preseítas para sumar a las antiguas 13. Creo que K y CFK son peronistas. 3- La política deportiva argentina siempre fue de apoyo a todos aquellos que logran las marcas mínimas exigidas por el COI. Con esas marcas, en otros países los mandan a juntar remolachas. Si aquí hiciéramos eso, imagínense lo que dirían esos deportistas sin chances sobre el bendito "apoyo". En Cuba, por caso, si tienen tres candidatos a una medalla, mandan al mejor, y los otros dos, inmensamente arriba de las marcas mínimas, se quedan en la Isla. Es otra política. No sé si mejor o peor. Los resultados numéricos indican que es mejor, pero la opción cubana por los más aptos, no parece tan buena. 4- No es cierto que nuestro país se destaque sólo en deportes colectivos. El boxeo (individual por antonomasia) es el deporte que más medallas le dio a la Argentina en JJ.OO. Total de 22, con 7 de oro. Tuvimos también medallistas en natación, atletismo, remo, tiro, yachting, yudo, equitación, la reciente en ciclismo, etc. Lo del fútbol y el basquet es coyuntural, olímpicamente hablando. Brasil nunca fue campeón olímpico de fútbol, por caso. Y no es que le falten ganas. 5- Como bien dice algún estudio incluído en interesantes posts deportivos, Argentina está donde tiene que estar. Y no está mal. Porque si no, habría que hablar de otros temas, ajenos al deporte, aunque siempre relacionados. El ejemplo de Dinamarca es interesante. Se trata de uno de los cinco o seis paises del mundo donde no existen desigualdades sociales (junto con Suecia, Noruega, Finlandia, etc). En los Juegos del 2004 ocupó el puesto 37º en el medallero, uno arriba de la Argentina (que ahora mejoró, de 38º a 34º). Cuando los daneses hablan de deporte se refieren al deporte que se practica recreativamente, no al que se ve por tv. Y nadie mata a nadie por un fallo equivocado de un árbitro. Les importa un comino la medallita. En su constitución, como en todas las del mundo, no existe el derecho o la obligación de lograr triunfos deportivos. Como debe ser, primero está la alimentación, luego la salud, luego la educación. Sólo que ellos no lo enuncian. Ellos lo hacen. Aquí tenemos periodistas deportivos quejosos por la falta de medallas pero (me incluyo) infinitamente peor educados que los daneses, a quienes -entre otras barbaries liberales que nosotros padecimos y padecemos- el racismo sarmientino no les tocó ni de lejos. 6- La última, también para apurados comunicadores de malas nuevas: cuando los deportistas argentinos arrasaban en todas las disciplinas durante el primer peronismo //campeones mundiales de basquet, primer campeón mundial de boxeo (Pascual Pérez), triple campeón mundial de Fórmula Uno (Juan Manuel Fangio), campeón mundial juvenil de ajedrez (Oscar Panno), más de 100 medallas panamericanas, etc.//, cuando todo eso ocurría, la "gente" (esto es, la clase media de aquel tiempo) decía que Perón invertía fortunas en el deporte porque quería salir en las fotos con los triunfadores. Y hoy dirían que "se despilfarra irresponsablemente el dinero (de esa misma) 'gente' ". Porque si de algo somos campeones olímpicos, es de gorilismo, ese increíble matrimonio contraído entre ignorancia e intolerancia, que nos baja de cualquier podio desde 1945.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

¡LLAME YA!

Kevin Insaurralde dice que perdió 80 libras gracias al infalible tratamiento reductor de peso que 28 canales de cable promocionan al mismo tiempo y con idéntico fervor publicitario a toda hora y hacia toda Latinoamérica. Otros quince ex obesos fatigan la pantalla con sus viejas fotografías apaisadas y sus flamantes imágenes verticales que demuestran el éxito del sistema Jorgito Fat Fast, creado, patentado y facturado por un experto sexagenario que luce su abdomen empotrado, junto a alegres veinteañeras consumidoras de la chatarra que todavía no pulverizó sus curvas anhelantes de protagonismo, aunque más no sea de la mano del maestro reductor (¿o reducidor?) de panzas imposibles, campeón de la turgencia y de la tonicidad, superidóneo del placer sin aburridos medicamentos, medicina mentirosa y médicos obsoletos. Todo envuelto para regalo y para felicidad de los gordos y gordas del patio trasero, que llaman YA y obtienen el premio a su constancia y tenacidad televisivas. Todo bien, salvo un detalle. Parece que Kevin encontró las 80 libras que había extraviado al comienzo de estas líneas. O por lo menos eso indica su apariencia, que el mismo día despotrica desde la tribuna de un programa casamentero emitido en Miami, al que acudió -seguro que sin permiso del experto- para confesar que no consigue novia ni trabajo fijo, a causa de una enfermedad glandular que padece desde niño y que desde niño le impide adelgazar. Por lo visto y oído, ahora Kevin cuenta con dos empleos temporarios, si es que no lo despiden del primero por transformarse en un gordito picarón. Algo es algo. Otro milagro incuestionable, probado, ratificado y garantizado por la imprevisible cultura del zapping.

sábado, 30 de agosto de 2008

EL ESPECIALISTA

El señor Funes de Rioja es abogado especializado en el fuero laboral. Desde hace décadas trabaja al servicio de la Unión Industrial Argentina, y su tarea escrita, oral o silenciosa consiste en conjugar los siguientes verbos: atomizar, desoir, dividir, restar, demorar, racionalizar, despedir, suspender, reducir, disminuir, achicar, presionar, objetar, interferir, cancelar, suprimir, derogar, impedir, evitar, desconocer, remover, apretar, apelar, denunciar, desguazar, optimizar, discontinuar, prorrogar, purgar, desacelerar, aconsejar, advertir, amenazar, confundir, desinformar, interponer, trabar, ganar, cobrar y sonreír. El señor Funes de Rioja es un artista en su trabajo; un orfebre, un gourmet, un sibarita, una eminencia. El señor Funes de Rioja es un conocedor de los verbos castellanos. El señor Funes de Rioja es un grandísimo.

martes, 26 de agosto de 2008

EL GRAN DIARIO ARGENTINO

Si por una vez la máquina fallara o si una mano traviesa pudiese establecer el desorden justiciero de las páginas; si por una vez cayeran los controles y mostrasen las cartas de la estafa, podríamos ver cómo un señor editorialista sin nombre se dedica a espantar clientes en el rubro 59 de los avisos clasificados, abogando por una clara y moderna educación sexual en las escuelas, mientras Vanesa y Romina te ofrecen sus tiernos servicios sin globito desde la página 7 del mismo ejemplar del mismo gran diario argentino.

sábado, 23 de agosto de 2008

OLÍMPICA MALA LECHE

El exitismo y el derrotismo argentinos son ampliamente conocidos. De todos modos, a veces es necesario hacer algunas aclaraciones para que tal exitismo y tal derrotismo no se impregnen de mala leche, olímpica mala leche en este caso. Como el clima destituyente sigue reinando sobre el territorio nacional y cualquier hecho que sucede motiva una réplica del tipo "si ganan, es porque hacen fraude" o "eran muchos pero los llevaron y les pagaron" o (desde el corner izquierdo) "no hablen de retenciones al agro mientras no tocan las de la minería", y así hasta el infinito del universo gorila y desestabilizante. Pues bien, los Juegos de China no podían quedar afuera del "tres tiros por diez pesos" contra el gobierno, que necesitaría jugar con dos arqueros para atajar los pelotazos que le disparan desde todos los ángulos, lo mismo da un Grondona que un Lanata, una maestra primaria que un taxista, una vieja boina radical que un imberbe clase media onda "mis viejos son peronistas pero a mí no me gustan los cabezas". En fin, el repertorio habitual, hoy repetido y amplificado por la cadena nacional desinformativa. Al deporte le llegó el turno. Con comentarios de este tono: "loco, dos medallas de mierda nada más. Me da vergüenza" o "el Estado no pone un mango y después la presidenta (obvio, la puta montonera) se saca la foto". Mercadería cada vez más berreta y extendida. Por eso viene bien lo de las aclaraciones, para aquellos que opinan desde la ignorancia histórica y geográfica, aunque con alta precisión para el chiste fácil y la ofensa barata. Acaso muchos de ellos, incluídos periodistas deportivos que desconocen hasta el color del pasto y el olor del aceite verde, necesiten refrescar sus neuronas antitodo, sólo con cargar la sesera con datos irrebatibles. Aquí van: entre 1924 y 1952, Argentina logró 13 medallas de oro en las distintas ediciones de los Juegos. Entre 2004 y 2008 consiguió las otras 4 que hoy redondean sus 17. Un número aceptable para Latinoamérica, donde sólo nos superan Cuba (que naturalmente pertenece a otro contexto) y Brasil. Pues bien, mientras arrecia el apedreo contra la presidenta y contra el secretario de Deportes (Claudio Morresi), se sugiere también un módico ejercicio de primer grado primario. Algo así como "Ema ama a mamá" dirigido al terreno del boludismo con etiqueta contrera, que chorrea desde cualquier pantalla, micrófono o asiento delantero de un techo amarillito. A ver, chicos: entre 1952 y 2004 transcurrieron doce citas olímpicas, muchos gobiernos argentinos democráticos, democratosos y dictatoriales, y miles de secretarios de Deportes. La pregunta no es ¿por qué no sumamos NINGUNA medallita de oro en 1956-60-64-68-72-76-80 (acá no fuimos porque papá-usa no nos dejó), sigo, 84-88-92-96-2000? La pregunta es por qué en aquel remoto 1952, con Perón en el gobierno (y con record de medallas en el 48) y en este período 2004/08 de los K, los aires deportivos olímpicos soplaban/soplan un poquito mejor en este barrio. Pusimos el cuello (dos veces) para la premiación dorada hace cuatro años y repetimos la ceremonia en Beijing. Ahora, que se hagan cargo de la reseña histórica los funcionarios del área de Aramburu (56) Frondizi (60), Illia (64), Onganía (68), Lanusse (72), Videla (76), Viola (80), Alfonsín (84 y 88), Menem (92 y 96) y De la Rúa (2000). Es decir, como solía proclamar mi abuelo: si esto no está clarito, mi culo es un centro de mesa. O la muralla china, diría hoy, para estar más actualizado.

martes, 19 de agosto de 2008

BARDACH: ANDÁ A NADAR...

Como fotos amarillentas, hoy cierro los ojos y veo tapas de El Gráfico con deportistas argentinos exhibiendo peinados Glostora y sonrisas Corega. Había remeros, esgrimistas, boxeadores, atletas, nadadores y ciclistas. Todos amateurs. Ninguno cobraba nada ni le pedía nada al Estado. El Estado sabía lo que tenía que hacer. Y lo hacía. Por ese tiempo fuimos también campeones mundiales de basquetbol y Oscar Panno campeón mundial juvenil de ajedrez. En los Juegos del 48, Delfo Cabrera ganó nada menos que el marathon, la prueba olímpica por antonomasia. Y la delegación argentina volvió con una ristra de medallas. Un tal Pascualito Pérez trajo también la de oro, gratis, como mandaba el código del amateurismo. No como hoy, que tenemos a Lionel Messi (que es bueno y es nuestro pero es profesional) desparramando rivales frente a la muralla china, y Brasil tiene a Ronaldinho. Pero bueno. Así son las leyes deportivas que piden y obtienen los sponsors publicitarios, sin que a los periodistas deportivos se les mueva un pelo. Hasta que hoy, sí hoy, cuando recordábamos que entre la segunda presidencia de Perón y el gobierno de Kirchner no habíamos obtenido medallas olímpicas doradas (los remeros Capozzo-Guerrero en 1952 y fútbol y basquet en 2004), hoy, el legendario ciclista marplatense Juan Esteban Curuchet, de ¡43! años se alzó con la apreciada presea (así se decía antes) en dupla con Walter Pérez, al obtener la prueba Madison (200 vueltas a un velódromo de 250 metros, es decir, 50 kilómetros a puro sprint y resistencia). Curuchet vociferó al micrófono que estaba orgulloso de ser argentino; Pérez besó la bandera en el piso, y ninguno recordó si habían recibido apoyo estatal (que primero debe ir a la alimentación, luego a la salud y luego a la educación). Pues ganaron igual. Creo que me emocioné frente a la pantalla del 7. Sobre todo porque eran ciclistas. Y enseguida recordé dos cosas: hace un mes medio, la nadadora cordobesa Georgina Bardach, en medio del conflicto del campo y tratando de sacar vaya uno a saber qué ventaja, disparó hacia los movileros de la cadena nacional sojera: "Si vengo con una medalla, no voy a ir a la Casa de Gobierno. No quiero que Cristina me reciba". Mientras Curuchet seguía llorando en el podio, después de su hazaña tras seis intentos olímpicos, pasaron los resultados generales. También los de natación. Bardach había logrado un extraordinario 37º puesto entre 38 participantes...Bueno, me dije, es lo que hace una nadadora: nada...

jueves, 14 de agosto de 2008

PIRATAS HONRADOS

De mis tiempos de estudiante universitario setentista tengo pocos buenos recuerdos. Uno es haber escuchado en ese ámbito al cantante español Paco Ibáñez, quien llegó por esos tiempos a Buenos Aires y brindó un hermoso recital con adaptaciones musicalizadas de enormes poetas connacionales suyos de las épocas de oro, desde Quevedo y Góngora hasta Luis Cernuda y Gabriel Celaya, pasando por Machado, Miguel Hernández y Rafael Alberti. Todo esto para decir que no recuerdo quién es el autor de este fragmento que va a continuación y meterle después un remate de actualidad barata y berreta: /Había una vez un lobito bueno, al que maltrataban todos los corderos/ y había también un príncipe malo, una bruja hermosa y un pirata honrado/ Todas esas cosas había una vez, cuando yo soñaba un mundo al revés.../ Evoqué estos irónicos versos, ayer, después de leer en algún sitio que un juez nacional citó a Luis D'Elía para que le explique por qué maltrató en Plaza de Mayo a un honorable ciudadano que venía aporreándolo desde diez cuadras atrás con el nunca bien ponderado sonsonete: "¿Cuánto te paga la conchuda, negro de mierda?" y otras lindezas de similar calibre. Lo evoqué con más claridad cuando, minutos después, leí en otro sitio que la semana próxima no sé qué comisión internacional relacionada con la prensa (lo mismo da) tratará en Buenos Aires el "amordazamiento" del periodismo argentino por parte del gobierno actual. Recordé a Paco Ibáñez y a su guitarra, aún con más fuerza, después de calcular a la bartola que no menos de un 90% de las empresas periodísticas argentinas (con la complicidad de la mayoría de sus empleados atorrantes y/o inútiles) están demoliendo la democracia y orinando en la puerta de nuestras casas desde hace cinco meses.

viernes, 8 de agosto de 2008

MOMPO COBOS

Mempo Giardinelli es un argentino bienpensante. Un escritor aceptable. Un buen tipo. Y un habitual opinador sobre todos (todos) los temas que -cree- merecen su parecer progre-chaqueño-literario-ex radical-centroizquierdista-no peronista-titular de una fundación destinada al bien común. Suele hacer catarsis en Página 12 y lo dejan. Hacen bien. Esta vez se topó con el culebrón de Forrocobos y no tuvo más remedio que ofrendarnos sus impagables e ineludibles reflexiones sobre el particular. Entre gracioso y patético nos dice que, en principio, Cloto le pareció algo así como una luz en la tiniebla, un tipo de convicciones, un demócrata de los que ya no hay. Fue sólo en principio, porque ipso facto Mempo confesó (nobleza obliga) que él esperaba que, para completar su altruista obra (es decir, votar en contra de su propio gobierno, favorecer a la oligarquía, acaso atrasar veinte años el reloj evolutivo nacional) Zorrocobos debía hacer carambola con la presentación de la renuncia, que así, sí, habría pasado a la posteridad como Probocobos, un ejemplo para las futuras generaciones de desprevenidos, que todavía relacionan al radicalismo con la decencia y (¡esto sí que es joda!) con la lealtad... Bueno, la nota se le fue a la banquina mientras enumeraba las supuestas quijotadas de Leandro Alem, Sabbattini, Repetto, Larralde, Lebensohn y demás intrascendencias pre-pos o pseudogorilas de cada época argentina. Está todo bien, Mempo, pero habría que agregar algunos ítems al glorioso historial ucerreísta, acaso para comprender finalmente hacia dónde apuntó el voto nopositivo de Lobocobos. Podríamos preguntarle a Osvaldo Bayer (no es santo de nuestra devoción, pero tampoco es un gil) si cree que don Hipólito Yrigoyen no tuvo nada que ver en las matanzas de la Semana Trágica y/o de la Patagonia Rebelde. Podríamos recordar asimismo que el doctor Roberto M. Ortiz fue presidente radical electo mediante fraude patriótico durante la década infame. Podríamos evocar que la fórmula de la Unión Democrática en 1946 estuvo integrada por dos radicales que siempre parecieron el nombre y el apellido de uno solo: Tamborini-Mosca (de ningún cobarde se hace historia y a veces ni se recuerdan los datos más elementales). Sin esforzarnos demasiado viene enseguida a la memoria que fue otro hijo de la UCR, el inefable diputado Ernesto Sammartino, quien ideó aquello del "aluvión zóológico", o trasladar al presente a millares de radicales gritando Viva la Patria el 16-9-55. O tal vez refrescar la traición del presidente Frondizi: traición a Perón, al peronismo y a toda la Nación, como un formidable antecesor de futuros entreguistas bien desarrollados. También podríamos quitarle la virginidad a Arturo Illia, para decir que no es de buen demócrata (pero sí de oportunista) aceptar una candidatura presidencial con el partido mayoritario proscripto y maniatado. Bueno, Mempo, paciencia que falta poco. Qué decir de Ricardo Balbín. Lo vemos desaforado, inflamado, con pelos hasta en los dientes (pocos gorilas como él) pidiendo a gritos desde su banca que el Congreso declarase la "subversión industrial", tumba de miles de delegados de fábrica. El mismo Chino que le diría tímidamente a Videla, el día del golpe: "no espere que lo aplauda, pero no voy a poner piedras en su camino" ¡Ja! Grandeza radical. A ver, Mempo. Hubo durante el proceso más de 600 embajadores e intendentes radicales (incluídas ciudades chaqueñas). El final es conocido. Raulito y la denuncia de un surrealista golpe militar-sindical como debut antiobrero de su gobierno insípido y descafeinado: dos hiperinflaciones, el oprobio del punto final y la obediencia debida (que hoy, 20 años después, se está reparando com se puede); La Casa está en Orden, el Pacto de Olivos y el raje anticipado, como buen boina blanca que se precie. Nos queda, amigo Mempo, su ex amigo De la Rúa: blindaje, megacanje, inédita reducción de salarios (13% ¿no?), la monumental estafa de la Flexibilización Laboral (como cadete de las cámaras empresarias llevando cheques a senadores corruptos), veinte muertos como tendal y, obviamente, helicóptero. Ah, Murphy y Gordila también tienen la pluma y el martillo en el orillo. Ella, además, como funcionaria judicial de la dictadura sabe bastante de la masacre de Margarita Belén (fue en el Chaco, Giardinelli) En fin... Digo yo, Mempillo. Es lógico que millones de argentinos (¿15, 20?) crean que (I)nodoroCobos es un héroe. Pero no le cabe a usted, como lloriqueó desde la contratapa. Menos mal que el vice le despejó la duda más rápido que temprano y ahora va por el premio mayor, como hidalgamente se reconoce en la nota. El premio mayor para un radical, se sabe, puede ser que un toro castrado lleve su tercer nombre de pila o poder robar con las fotocopias franjamoradas en las Facultades; figurar segundo en la fórmula directiva de una sociedad de fomento o, en el mejor de los casos, ser ovacionado por oligarcas que, hace rato, aprendieron a rosquear con pusilánimes mientras le prenden la cucarda en la solapa y aguantan la carcajada.

jueves, 17 de julio de 2008

LA COLONIA ESTÁ EN ORDEN

Claro, en una sociedad donde ya no existe ningún tipo de valor, ningún tipo de límite, donde reina la amoralidad en las relaciones, donde gobiernan las minorías y las mayorías son rehenes, aquí y así, todo es posible. Lo políticamente correcto en la Argentina de hoy es ser apolítico, o pro-campo sin conocer el color del pasto; es ser ateo, agnóstico, evangelista o seguidor judío del rabino Bergman (atacado a huevazos por otros judíos a los que él considera no genuinos). Lo políticamente correcto es ser burgués o clasemierdero con ínfulas de ascenso que jamás se concretarán, pero que mientras tanto, cuando la clasemierda ha sacado la cabeza a la superficie gracias a un gobierno de negros peronistas, vale para hacer causa común con esa Sociedad Rural que, una vez usada (prontito) la arrojará como forro al fondo del tacho.
No importa un rábano si las mayorías argentinas son pobres, católicas y peronistas. Porque queda mal hasta decirlo en público, y mucho menos en televisión, donde reinan el puterío y los movileros analfabetos, incapaces de construir una frase en español, aunque medianamente dotados para leer el cuestionario que extiende el patrón del medio "independiente" para acosar al gobierno que, como máximo pecado, ganó legítimamente en las urnas, no reprimió y devolvió la dignidad a los únicos que merecen tenerla, por lo visto.
El conflicto con la oligarquía campestre y sus cipayos a sueldo vil, ha puesto al país patas para arriba. Los que roban desde 1806, los que mataron indios, los que cobran en dólares, los pequeños productores que alquilan un campò de 100 hectáreas por 6.000 pesos mensuales y se rascan el higo, los que jamás pagan los impuestos (es para la gilada), los que tienen en negro a peones de 800 mensuales, los que tiran a la banquina miles y miles de litros de leche, los que desabastecen y encarecen todos los productos, esos, han ganado una batalla. No la guerra. Lo bueno es que han dado la cara. Ya no son apolíticos. Ahora son, entre otras cosas, RACISTAS, convictos y confesos. Qué decir sino del vice de la Rural, Biolcati, cuando disparó que "el nuestro es un piquete de gente blanca" o del titular de CRA, Llambías, cuando ubicó al peronismo "ahí enfrente, en el zoológico", como en 1953. Son RACISTAS, esencialmente, y además fascistas y golpistas. Son basura capaz de abrazarse con los trostkistas de Ripoll, con Rodríguez Saa, con Barrionuevo y hasta con Castells, es decir, con el circo de los tiranosaurios. Les da igual, todo sea por la caja. No tienen, ni tuvieron ni tendrán vergüenza, así como no tienen país, por más que se envuelvan en una bandera prestada o canten zambas desafinando letra y música, porque lo de ellos es el hip hop, lo que funciona en los lugares donde dilapidan lo que roban, lo que no quieren dejar de multiplicar, ni repartir ni oler a nadie.
El conflicto ha terminado, temporariamente, con el triunfo de la antipatria, el cipayismo y la dependencia, no sin la inapreciable colaboración de un miembro del partido político más abyecto, siniestro y cobarde fundado en nuestra República (perdón Alem, perdón Hipólito). Frondizi traicionó a Perón; Illia fue candidato con el peronismo proscripto; Balbín pidió a los gritos en el Congreso la matanza de delegados sindicales (subversión industrial, decía ese sorete); Alfonsín nos regaló el punto final, la obediencia debida, dos hiperinflaciones y el Pacto de Olivos con un Menem ininputable, que bien podía haber sido radical también; De la Rúa nos esquilmó con el megacanje y el blindaje y coronó haciendo de valijero de las cámaras empresarias para sobornar senadores que votaron la Ley de Flexibilidad Laboral. Todos los mencionados pertenecen o pertenecieron al partido político del señor Cobos. Y una enorme responsabilidad le cabe a quienes sugirieron su nombre (y especialmente su condición de basura radical) para integrar una fórmula transversal (?) Pues bien, Julio César Cleto Cobos anotó su nombre con letras de oro en la magna lista de traidores a la patria, horripilante nómina que desde ahora integra, por ejemplo, con el hijo de Julio A. Roca (pacto con Runciman), Pinedo, Martínez de Hoz, Prebisch, Alsogaray, Cavallo, Vandor, Menem, De la Ruina, Chacho Álvarez, y tantos otros. Este bueno para nada ni siquiera tuvo testículos para decir "mi voto es negativo". Dijo: "mi voto no es positivo"... La historia me juzgará". En estos casos, debería saberlo Cobos, la Historia juzga sumariamente, dado que nadie desinteresado saldría en defensa de un traidor a la Patria. Desde hoy, aunque mañana nadie lo recuerde, es puro estiércol. Como decía el general Perón, "es como todos los radicales, bosta de paloma, no tiene ni olor". Párrafo final para la resurrección de la Unión Democrática: oligarcas, Bergoglio, radicales, lilistas, socialistas y hasta trostkistas (debutantes). Faltaba Drácula y gritaban ¡Bingo! Y el colofón para la prensa "independiente", desde Morales Solá y Magdalena hasta el último oligofrénico de TN. No serán juzgados, ni siquiera eso. Como en el caso de Cleto, de ningún cobarde se hace historia. Son los herederos del virrey Sobremonte y pueden gritar a coro con aquel insigne español (letra de Raulito): ¡LA COLONIA ESTÁ EN ORDEN!

martes, 17 de junio de 2008

CABECITAS DE TEFLÓN

Escribo un día después del 53º aniversario del bombardeo a Plaza de Mayo, donde los aviones de la Armada Argentina descargaron tres toneladas de proyectiles y dejaron un saldo de mil muertos y trescientos heridos, entre militantes peronistas y simples transeúntes. Nadie fue preso por esa masacre. Nadie fue juzgado. No hubo ninguna información oficial. Mucho menos una autocrítica. El verdadero objetivo -concretado exactamente tres meses después- era derrocar a un gobierno constitucional, legítimamente elegido por el pueblo. Los cabecitas de teflón de aquella época (¿cabezas de Marmicoc, tal vez?) festejaron el evento, como festejarían el 16 de septiembre siguiente la caída del gobierno. Ese día salieron a la calle todos (clase media, oligarquía, cúpula de la Iglesia Católica, radicales, socialistas, comunistas, conservadores y radicales) a vivar a la dictadura naciente, insólitamente autodenominada "revolución" libertadora (?). Pues bien, anoche nomás, los nietos de aquellos festejantes volvieron a salir a la calle con sus cacerolas, ahora de teflón, para pedir el derrocamiento de otro gobierno constitucional, pero no se sabe a pedirle a quién. Hoy no existen militares disponibles, lo que prueba que los uniformados son más inteligentes que los civiles cabecita de teflón. Y entonces todo se limitó a berrear las conocidas consignas nazifascistas y trogloditas de este sector de la sociedad argentina. Desde "que se vaya la prostituta" hasta "basta de negros de mierda"; desde "nuestros piquetes son de gente blanca" (Biolcati, el 2 de la Sociedad Rural dixit) hasta "por supuesto que con los milicos estábamos mejor", confesión vomitada por tres de cuatro requeridos por el famoso movilero de CQC tras el partido de rugby Pumas-Escocia.
Eso lo vimos el lunes por la noche. Veinticuatro horas antes, en el programa televisivo del Teflón mayor Mariano Grondona, pudimos registrar otras perlas no menos interesantes sobre la actualidad, transmitida en cadena por los medios de teflón, o sea, todos los medios. 1) Alegremente, Elisa Carrió convocó "a la desobediencia de las fuerzas de seguridad", en otra clara manifestación de golpismo que cualquier juez despabilado debería haber respondido con una citación a Tribunales. 2) Más alegremente, el ingeniero De Angeli (Blumberg con boleadoras) se explayó a voluntad por enésima vez durante esa jornada (con más horas/pantalla que un Boca-River) y se fue tan de boca que terminó diciendo que "hay que terminar con la concentración de la riqueza", lo que prueba su enorme condición de imbécil a sueldo, aunque impresentable finalmente hasta para sus propios auspiciantes, seguramente estupefactos ante la frase digna de cualquier cuadro político oficial, a los que la gauchocracia moderna denomina alternativamente desde "zurdos montoneros" hasta "lopezrreguistas", en una parábola que -lamentamos la repetición del epíteto, pero no hay otra- sólo un imbécil podría adquirir, sin haber ingerido antes una dosis letal de gorilaje sin retorno. Para el final del programa del sofista Grondona, y esto sí que vale la pena, Mauricio (que es, pero en serio) se despachó con esta pepita de oro para la posteridad: "si seguimos siendo el granero del mundo, por qué no arreglamos este asunto de una vez, y así aprovechamos el mercado chino y el indio, que nos demandan alimentos a los gritos. Para venderles maquinaria pesada ya están los alemanes...). Y lo dijo sin ponerse colorado. Ya entendimos (hace mucho). Un país de una sola vía, únicamente agroexportador. Nada de industrialización (a ver si somos libres, independientes y autónomos. Dios nos libre...). Pues bien. Ese es el verdadero pensamiento de los cabecitas de teflón. QUEREMOS SEGUIR SIENDO COLONIA. Vivimos siempre bien con lo que la tierra da. Y, esencialmente, porque la tierra es de 2.000 familias (ahora empleadas por Monsanto y cía). En realidad, la idea de vivir de la tierra no sería mala, si la tierra se repartiera en partes iguales entre 40 millones de argentinos. Seguro que en ese caso, los cabecitas de teflón saldrían a la calle pidiendo el monopolio industrial para las 2.000 familias, mientras sus estrechos colaboradores clasemierderos de la idiotez inútil (que serán aplastados finalmente por sus propios patrones, como siempre) plantarían radicheta o rabanito en un cuarto de hectárea, llorando su condición de terratenientes ¡Salud a los mártires del 16 de junio de 1955! Sólo un infradotado no distingue el antes del después.

lunes, 9 de junio de 2008

Fwd: FW: Consoladores para todos

Este es un texto de lectura obligatoria para cualquier argentino inteligente. El humor es fundamental para aliviar nuestras penurias.Y también sirve para que muchas personas ingresen de su mano a la realidad argentina actual. Lean y verán. Yo no soy el autor, y al final está el crédito, como corresponde. Muchas gracias. ENRIQUE MARTÍN.

CONSOLADORES PARA TODOS

Un día como hoy pero de 1980, suponéte, que yo heredé una fábrica de consoladores. Durante 20 años la pude mantener de pedo. Hacía consoladores para la Argentina porque mis costos eran muy altos y mi fábrica no era competitiva para exportarlos. Los consoladores taiwaneses y los de India eran mucho más baratos. En fin, suponéte que mi problema era que por cada peso que yo ponía, mi fabrica podía producir solamente 5 ctvs. más. Esto en las mejores épocas. En otras, suponéte, que directamente perdía plata. Ahora, los taiwaneses, por cada peso invertido ganaban 40 ctvs., con lo cual, ellos podían bajar el precio de venta de sus consoladores para competir con los míos y es así que ellos vendían más consoladores que yo.
Para fines de los ´90 mi fábrica estaba fundida y yo debía mucha plata al banco. Ahora, suponéte que un día el gobierno decide devaluar la moneda. En el gobierno piensan que si se devalúa la moneda se favorece a la producción porque se achican los costos nacionales en relación al precio internacional. A mí me re conviene porque puedo empezar a ganar más plata por cada peso invertido y así puedo competir con los consoladores taiwaneses. Para devaluar la moneda la sociedad entera tiene que pagar el costo: luego de una devaluación los sueldos de toda la gente valen menos que antes, aunque en números sea lo mismo, pueden comprar muchas menos cosas. Igualmente la sociedad decide hacer ese esfuerzo porque sirve para reactivar la producción y generar trabajo para todos.
El gobierno, en su decisión de favorecer a la producción, me refinancia mi deuda con el banco, me da una tasa de interés muy barata y yo puedo quedarme con mi fábrica. Además, para mantener el precio de la moneda devaluada sale a comprar dólares todo el tiempo, miles de millones de dólares para que los consoladores argentinos sean competitivos. Encima, como yo para hacer consoladores necesito goma y la goma es un derivado del petróleo y como el petróleo tiene precio internacional y está en dólares y cada vez más caro, el gobierno me rebaja el costo de la goma, subsidiándola. Tanto la plata para pagar mi deuda con el banco, como la plata para mantener alto el dólar, como la plata para financiarme la goma, sale de las arcas nacionales, del Estado. Es así que, entonces, todos los argentinos ayudan a pagar mis deudas y a financiarme los costos de mi producción.
En fin, ahora yo tengo mi fábrica con una rentabilidad bárbara de 35 por ciento por cada peso que invierto. Encima, se reactivaron todas las fábricas del país, creció el trabajo y los salarios. Ya van 5 años seguidos en que la situación mejora cada día. Mi actividad está tan subvencionada que prácticamente no tengo riesgo empresario, es decir, tengo que hacer fuerza para que me vaya mal.
¿Y entonces qué pasa? Pasa que de golpe en China hay una revolución sexual. Todas las chinas se rebelan, se cansan de que los chinitos no se pongan las pilas en la catrera y salen como locas a comprar consoladores de goma. Miles de millones de chinas -desesperadas- haciendo cola para comprar artefactos que satisfagan sus necesidades. En China, el gobierno declara la Emergencia Sexual y saca una Ley de Seguridad Consolante: abre las fronteras, sin impuestos, para todos los consoladores del mundo que quieran entrar en la China. El precio internacional de los consoladores se dispara, un consolador sale dos, tres, hasta cuatro veces lo que salía antes.
A mí me viene al pelo. Suponéte que, de pronto y por una cuestión ajena, por cada peso invertido puedo sacar hasta dos pesos con treinta centavos, ¡una rentabilidad del 130 por ciento! De golpe, hacer consoladores no sólo es una actividad que me permite vivir bien, ahora me permite hacerme millonario. Y eso que sigo siendo un "pequeño productor de consoladores" , que no es lo mismo que "productor de pequeños consoladores" . Así y todo estoy ganando, suponéte, 40.000 pesos por mes. Chocho.
¿Pero qué pasa? Como hacer consoladores es tan rentable, muchos de los que hacen fideos, remeras, lapiceras, latas de comida, remedios o galletitas se vuelcan masivamente a la industria del consolador porque todos quieren hacer mucha plata, obviamente. Como consecuencia, en Argentina pasan tres cosas:
1. Todos los consoladores se venden al exterior, dejando a los consumidores de consoladores argentinos sin el producto o al mismo precio que se paga afuera (carísimo). Como nuestros sueldos están devaluados y están devaluados para que se puedan fabricar un montón de cosas, esta consecuencia es absolutamente injusta ya que hacemos el sacrificio para que se puedan fabricar consoladores pero nos quedamos sin la capacidad adquisitiva para poder comprarlos.
2. Como consecuencia de que muchas fábricas se cambian al rubro de los consoladores de goma, se dejan de fabricar muchas cosas y al haber menos cantidad de esas cosas, aumentan de precio, con lo cual nuestros sueldos pierden poder adquisitivo con respecto a todos los productos.
3. Además, como es tan rentable hacer consoladores, mi fábrica aumenta de precio. Antes valía 100.000 pesos, ahora vale 500.000 pesos. Entonces yo ahora ya ni siquiera trabajo. Directamente me conviene alquilar mi fábrica a otro que la trabaje mientras yo me rasco el higo todo el día. Vienen fondos de inversión, pooles de si-entra, y empiezan a alquilar fábricas en todo el país y las dedican a la producción de consoladores.
El gobierno, entonces, tiene que hacer algo. Porque la gente lo votó por haber reactivado la economía pero siempre y cuando los sueldos alcancen para vivir, lo cual es lógico. La gente aceptó pagar el costo de la deuda de los sectores productivos, pero a cambio de poder trabajar y comer, como mínimo y, por ahí, en el mejor de los casos, progresar.
Y lo que hace el gobierno es ponerme retenciones móviles a la exportación de consoladores, con lo cual, ahora mi rentabilidad vuelve a ser del 30 por ciento. Cuando aumenta mucho el precio del consolador, aumentan las retenciones; cuando baja el precio del consolador, baja la retención. Yo siempre gano lo mismo, o sea, mucho: 30 por ciento anual, que es seis veces más que lo que gana una fábrica de consoladores en cualquier lugar del mundo.
Suponéte que, entonces, yo soy un tipo muy irracional y egoísta. Suponéte que además no tengo memoria, no me acuerdo de lo mal que me iba antes y me olvido, además, de los esfuerzos que hizo toda la sociedad para que a mí me vaya bien. De golpe me junto con todos los productores de consoladores y me pongo a armar un gran quilombo. Corto las rutas y no permito el paso de ningún otro producto. Genero desabastecimiento, suben los precios, la gente pierde aún más poder adquisitivo, etc.
Para justificarme, me dedico junto a mis compañeros fabricantes de consoladores a diseñar un discurso que me exculpe de mis acciones antipopulares y desestabilizadoras: "Consoladores= Patria", "Paja o Muerte", "Todos somos Consoladores" , "No al Aborto, Sí al Consolador", "Con los Consoladores estábamos mejor", "K tirame la goma".
La oposición y los medios me apoyan, aunque lo hagan solamente porque están en contra del gobierno y se aprovechan de la situación. Suponéte que a mí no me importa y me aprovecho también de ese apoyo.
El gobierno no me reprime, es sumamente racional al respecto del manejo del conflicto, entonces yo me aprovecho de esa situación y radicalizo mi protesta. Los medios y la clase alta, que siempre habían condenado los cortes y el uso de la fuerza en la protesta, ahora lo apoyan, con lo cual todo me sale redondo.
Hasta acá la historia es igual a la del campo. Pero suponéte que en vez de pasar lo mismo que pasa con el campo, en el conflicto de los consoladores pase otra cosa. Suponéte que de golpe, el gobierno dice: "Bueno, tenés razón. Te voy a sacar las retenciones móviles." Yo me pongo re contento, hago un acto en Rosario y salto de alegría por haber ganado la batalla junto a todos mis amigos de la Sociedad Consoladora Argentina, el Pro y la Carrió que apoya cuanto consolador se le cruza. Gané la batalla.
Al otro día, el gobierno dice: "Te saqué las retenciones, pero también se las saqué al petróleo y además dejé de comprar dólares para mantener el tipo de cambio y, además, ¿sabés qué?, voy a dejar de financiarte tus deudas con el banco y voy a liberar las paritarias para que los trabajadores exijan los sueldos que quieran y voy a dejar de hacer rutas para transportar consoladores y voy a mandar esa guita para hacer hoteles de alojamiento populares y además voy a lanzar un montón de medidas para fiscalizar a la producción de consoladores porque ese sector es el que más evade impuestos en nuestro país."
Entonces, aumenta la goma en dólares. Y el costo del trabajo aumenta a valores europeos. Y encima tengo más presión fiscal y se me va un 33 por ciento de la ganancia que antes no pagaba porque me hacia el dolobu. Para colmo, se revalúa la moneda porque ya el gobierno no sale a comprar dólares, con lo cual la diferencia que hacía antes en el mercado internacional se achica. Ahora no tengo retenciones y, aunque sigo ganando plata, gano inclusive menos que cuando tenía retenciones.
Un día se acaba la fiesta sexual en China. Las minitas vuelven todas al lecho masculino porque los chinitos se pusieron a estudiar tantra como locos y ahora pueden mantener una erección durante 48 horas seguidas. El sexo adquiere la calidad de "Actividad Protegida por la República Popular China". Por efecto de la transnacionalizació n de la cultura oriental, se abren escuelas de tantra en todo el mundo. Los consoladores pasan de moda. El pene, viejo y peludo nomás, vuelve a ser el mejor amigo entre las chinitas de todo el mundo. Los hombres readquieren su seguridad, pues se habían visto reemplazados por simples pedazos de goma. Al haber volcado sus esfuerzos en hacer la vida de sus compañeras más placenteras, abandonando el egoísmo sexual que los caracterizaba, la humanidad entera se encamina hacia una época más feliz.
Suponéte que en Argentina ahora nos tapan los consoladores. No nos sirven para nada. Encima perdimos la capacidad de producir cualquier otra cosa. No nos tecnificamos, no nos modernizamos, no diversificamos nuestra producción, en fin, se nos pasó el tren.
Ahora mi actividad no tiene ni renta extraordinaria ni el apoyo del estado. Suponéte que tengo miles de cajas llenas de penes de goma y que me los tengo que meter en el culo.
Suponéte.
http://www.undiaperonista.blogspot.com/

martes, 1 de abril de 2008

OBSCENIDADES

Históricamente, la clase media argentina le pide a la Nación y al pueblo un certificado de blancura. Ante la obvia imposibilidad de conseguirlo, opta -en el mejor de los casos- por permanecer al margen de las luchas populares, y en el peor, por sumarse a la prédica y a los grupos antinacionales, esto es, liberales conservadores (derecha liberal) o liberales progresistas (izquierda liberal). A lo largo del siglo 20 y lo que va del 21 siempre ha tomado partido por el bando equivocado, apoyando, por ejemplo, todos los golpes de Estado que se perpetraron contra gobiernos democráticos, por parte de facciones también liberales de las fuerzas armadas con el inapreciable apoyo y complicidad de esa misma clase media (o clasemierda para definirla con exactitud). Desde sus genes racistas europeos cuestionará toda manifestación de origen popular, "bárbara", diría Sarmiento. Y desde su atalaya izquierdista (socialistas, comunistas, radicales progre) saltará hacia el charco de la antipatria, no sin antes decir que lo hace porque "estamos en contra de la derecha (en realidad ellos forman parte de esa derecha, como idiotas inútiles), pero no podemos marchar junto con los Moyano y los D'Elía". Siempre hay un argumento (casi siempre la falta del certificado de blancura) para que la clase media termine del otro lado del mostrador nacional, donde la recibirán con los brazos abiertos, primero, y luego le patearán el trasero o la harán desaparecer, tras haber pulverizado a las verdaderas clases populares (yrigoyenistas, peronistas, etc.). De una manera u otra sigue confiando en sus propios verdugos. Y así sigue por la vida, en medio de sus recurrentes obscenidades. Y si se trata de hundir el cuchillo en este término, qué mejor que realizar un breve paneo por las actitudes del sector recientemente bautizado "el campo" por la prensa canalla, un muestrario, un cotillón con todos los ingredientes del fascismo que sigue anidando en los sectores medios, ya sean urbanos o rurales. Luego de veinte días tras la pantalla observando cómo los dueños de las tierras que regaló Roca con su millón de asesinatos, ahora en colaboración con pequeños productores (en realidad pequeños explotadores que mantienen en negro al 75 por ciento de los peones rurales o les pagan en blanco 600 pesos mensuales), luego de ese ejercicio de observación casi masoquista, decíamos, quedaron algunas perlas para proponer múltiples candidaturas al Nobel de la más transparente demostración de odio y desprecio por los valores nacionales y populares, en la voz y en las actitudes de aquellos que siempre ganan (más o menos, pero ganan) y que defecan en el país las heces contaminantes que han ingerido desde 1810, de la mano de Rivadavia, Domingo Faustino y Bartolomé, con el pasaporte visado luego por consecuentes seguidores como Aramburu, Rojas, Onganía, Lanusse, Videla, Martínez de Hoz, Alfonsín, Menem, De la Rúa y otros vendepatrias también fallecidos. No son pocos. Ese manual de obscenidades ha recogido durante estos días, para la posteridad y para todos lo hombres de buena voluntad que aun pueblan el suelo argentino, esta breve nómina de enormidades que el grueso de "la gente" vio y oyó por televisión, como para tomar nota y seguir sumando en contra de los partidarios de la colonia y su maldita clase media asociada: 1) Escribieron "Videla volvé". 2) Dijeron, de labios del vicepresidente de la Sociedad Rural (Bialcati) que "una cosa es un piquete blanco, como el nuestro, y otra muy distinta es un piquete de negros". 3) En un mundo que registra millones de personas hambrientas, volcaron leche, arrojaron naranjas, desperdiciaron todo tipo de alimentos. Pues bien, el gobierno podrá dialogar con ellos. Pero Dios no los olvidará tan fácilmente. Como broche, en otra de sus "puebladas" en la esquina de Santa Fe y Callao, los cien que golpean sus cacerolas de oro a favor del olor a bosta de la oligarquía y sus secuaces, en contra del peronismo y en pos de una nueva dictadura, posaron para las cámaras encabezados por un imberbe de 12 años, que alegremente saltaba al compás de la murga paqueta y entreguista, enfundado en una vistosa remera coloreada en el pecho con un irrefutable estampado. ENGLAND, decía...

lunes, 24 de marzo de 2008

VACAS O GORILAS

Ahora se llama "el campo", lo que antes se denominaba Oligarquía Ganadera. Si bien los miembros de la Federación Agraria, (no así los de la Sociedad Rural, Carbap o Coninagro) pueden reclamar cierta consideración como la pata pequeño-burguesa del sector, no es menos auténtico que juegan en su mismo equipo, hablan su mismo idioma y aspiran a ser como los dueños de la pelota en este deporte de explotar la tierra, que la mayoría nunca compró, esto es, viven desde antaño de arriba con lo que crece abajo, gracias a los buenos servicios de la Expedición al Desierto en el siglo 19, cuando el insigne general Julio A.Roca despojó de sus tierras a los aborígenes para repartirlas entre 400 familias que todavía nos revientan los cojones diciendo que son gente de campo, el motor del país agropecuario que somos (porque ellos no quisieron que fuéramos otra cosa) y otras estupideces afines que se pueden leer todavía en cualquier libro de historia nacional infectada con el virus de los ganadores de Caseros en 1852. Un país rico para pocos. Ahora siguen siendo pocos pero se hacen oír, obviamente porque la prensa vendida (toda) les hace de comparsa y hasta les festeja que se conviertan en piqueteros con camionetas de cien mil dólares. Nadie dice que impiden el tránsito a "la buena gente que quiere ir a trabajar", eso es para los piqueteros de cuarta, o sea, muchos de los excluídos por "gente del campo" como esta banda de vendepatrias escudados con botas y pañuelos de gaucho, con rastra y (si los dejan) también con boleadoras, para demostrar que conocen el olor de la bosta, como cuando desfilan en la Rural ante el aplauso de sus propios parientes terratenientes de la Recoleta. Esta buena gente ganó, gana y -esperemos que no gane alguna vez- más que ningún sector en la Argentina. Con o sin retenciones. Siempre ganan. Y entonces son campeones. De la indignidad, se entiende, porque cómo se calificaría a personas que en el tiempo en que vivimos son capaces de TIRAR AL RÍO UNA CAMIONADA DE PAPAS o de HACER RODAR HACIA LA BANQUINA TRES TONELADAS DE NARANJAS. Pudo vérselos por televisión muy conformes con esa contribución inapreciable para los millones que mueren de hambre en el mundo entero. Lo hicieron en Semana Santa, en el colmo de la blasfemia. Y dirán después que son cristianos. También dirán que son la grandeza del país, pero mantienen en negro al 40 por ciento de sus empleados (el millón 300 mil que realmente se embarra las alpargatas). Si para muestra basta un click de la historia, recordamos que a comienzos de 1946, al asumir Juan Domingo Perón su primera presidencia (tras aplastar en las urnas a los oligarcas y favorecedores locales y foráneos) su primera medida de gobierno fue aumentar en un porcentaje sideral el salario del peón rural, que era en ese momento el último orejón en el tarro del país ganadero, gobernado por lo que ahora denominan "el campo", una sarta de delincuentes que no sabe ni de qué color es el pasto, y a quienes ahora -cuando pretenden desabastecer de carne a la población- habría que aplicarles el efecto de aquel viejo graffitti provinciano de los '50: COMEREMOS VACAS O COMEREMOS GORILAS.

viernes, 22 de febrero de 2008

DEL BANCO AL CEMENTERIO

No pocos argentinos han sido sorprendidos en los últimos años por la astucia de un delincuente y por la complicidad de los bancos (o viceversa). A más de cuatro les vaciaron la cuenta sin decir agua va, y nadie -ni la Injusticia nacional- les devolvió un solo centavo. Pues bien, hay más informaciones para este boletín. Ahora resulta que por lo menos un banco, en este caso el HSBC, ha inaugurado una nueva modalidad para "favorecer" a sus clientes. Esto ocurrió el pasado 21 de febrero en horas (por lo menos tres) de la tarde. Como el sistema informático o telefónico (lo mismo da) falló, a la entidad de la sigla incomprensible (parece que ahora son chinos) no se le ocurrió mejor idea que explicar, luego de media hora de espera del cliente, que la cuenta de ese pobre cristiano (o judío o musulmán) estaba en ¡CERO! Imagínese, compatriota, la cara y las arterias de cualquier doña María enterándose de la noticia cuando sólo intentaba conocer su saldo o constatar que le habían acreditado un cheque. En lugar de hacer como siempre para ignorar al cliente, es decir, cortar la línea telefónica, o informar que hay un desperfecto o directamente dar los saldos del día anterior, pues no, "su cuenta número tanto, señor, suma cero pesos...). Y vaya a cantarle a Cavallo. O consiga que lo atienda el coordinador de call center Ignacio Navarro, quien le dirá muy seguro de sí que "todas las cuentas están en cero, no sólo la suya". Y luego le propondrá concurrir al día siguiente a la sucursal que le corresponde, o a un cajero automático, para comprobar que no le han robado su dinero. El banco HSBC se fusionó, o directamente compró la Banca Nazionale del Lavoro hace un tiempo, e hizo añicos las pocas ventajas que esa casa bancaria otorgaba a sus clientes. No dejó nada en pie. Ni empleados, ni atención telefónica las 24 horas del día ni la posibilidad de depositar cheques o pagar una liquidación por ventanilla. Nada de nada. Arréglese como pueda. Y si usted es titular de una cuenta sueldo, esto es, lo metieron ahí sin avisarle, pues jódase también. Total, esta denuncia no será levantada por los medios de difusión, que sólo hablan de corrupción cuando aparece involucrado un funcionario de gobierno, y jamás se preocupan por averiguar qué empresario le pagó la coima (*). Caerá en saco roto. No importa. Pero sí importa que más de cuatro en esta red se enteren de que una señora desesperada, el 21 de febrero, vio subir su tensión arterial hasta 24 y ahora deberá ser intervenida quirúrgicamente por una obstrucción coronaria. Todo por el chiste del HSBC, que seguramente ni le pedirá disculpas, aunque sea cliente. Alguien dijo alguna vez que era más noble fundir un banco que fundarlo. Este es el caso. Eso sí, averigüe primero qué demonios quiere decir la sigla en cuestión ¿Acaso Hay Siempre Bancos Corruptos. Y...sí. Y seguirá habiendo mientras esos mismos bancos cuenten con la complicidad de los medios de comunicación, (*) esos que hablan del caso Skanska pero no dicen que los principales involucrados en la estafa son los dos máximos accionistas del diario La Nación, MATILDE Y ALEJANDRO SAGUIER, procesados (ojo, no imputados) por evasión agravada y posesión de una empresa en paraíso fiscal de las Islas Vírgenes. Esos mismos medios que borraron en diez horas la denuncia del diputado Héctor Recalde, quien hizo público con prueba de cámara oculta, que la Cámara de Empresarios ticketeros (canasta y restaurantes) le había ofrecido 20 millones de dólares por cajonear una ley. Recalde denunció, los medios desinformaron, pero la ley fue aprobada a mano alzada. Y hoy millones de trabajadores consiguieron que los ticketes basura estén incluídos en sus salarios. Ah, el empresario coimero, ese que nunca más apareció en televisión, ni en radio ni en los diarios, se llama SANTIAGO LYNCH ¿No le suena? ¿Tampoco el HSBC?

lunes, 4 de febrero de 2008

MISERABLES

La primera vez dudan y miran alrededor. Esperan que otro se mande primero. La segunda, sólo se fijan si hay un guardia cerca. Enseguida advierten que los guardias miran hacia arriba. Pasan la primera vez y también la segunda. La tercera es como que corresponde, nos lo merecemos. Entonces le cuentan la hazaña a todos sus conocidos. Son profesionales de corbata, empleados con look modernista, amas de casa que viajan a la peluquería o al dentista. En fin, la fauna que suele compartir (a regañadientes) los atestados subterráneos con todo tipo de laburantes (o desocupados). Los mismos que, cada vez que hay paro en una línea, o el convoy se detiene por cualquier causa, no dudan en pedir "la cabeza de los cabezas que no quieren trabajar, que ganan como 10 mil pesos -dijo radio 10- que nos hacen llegar tarde a todas partes a los que les pagamos el sueldo con nuestra plata (sic)". Bueno, esos. Cada vez que la puertita contigua a los molinetes queda abierta ADREDE para que el público se ahorre el viaje (y acaso para que sea más benévolo un día de paro), esos, los de la clasemierda que vota a Macri para que limpie (en todo sentido) la ciudad mientras aceptan que los esquilme desde el minuto uno.com, esos, se ahorran los 90 centavos. Es su revolucionario coraje de cada tarde. Su MISERABLE manera de vivir de arriba, porque jamás abrirían la puertita por cuenta propia. Como en todas las demás cosas.

jueves, 27 de diciembre de 2007

COLORADO EL 7

Aunque en la jerga quinielera de los sueños, el loco es el 22, en el idioma de nuestro fútbol siempre será el 7. Así, los más endiablados gambeteadores, los habilidosos más pintorescos, los creativos más inesperados, lucieron ese número en su espalda. Hoy ya no existen más 'wines' y entonces cualquier discípulo de Garrincha puede llevar con orgullo el 22, el 47 y hasta el 98. Sin embargo, la historia y la nostalgia nos devuelven el 7 bravo de René Houseman, el de Orestes Osmar Corbatta y, en este caso puntual, el de RAÚL EMILIO BERNAO, un loco idolatrado por los hinchas de Independiente como él, que era capaz de desparramar a cinco tipos en medio metro cuadrado. Sus piernas largas y su cintura aparentemente dura enloquecieron también a un brillante marcador de punta como Silvio Marzolini (el mejor del mundo en su puesto, allá por el 66), quien jamás pudo encontrarle la vuelta. Bernao nació en Avellaneda en 1941, debutó en primera en el 62, jugó 252 partidos y señaló 41 goles. Fue campeón local en 63-67-70 y de la Libertadores de América 64-65. Una noche mágica de aquel 1964, cuando Independiente inauguró una nueva iluminación de su estadio, Bernao escribió su obra más impecable y la multitud gozó con su arte en plenitud, mientras el equipo destrozaba al Santos de Pelé, con Pelé. Esa noche se vio la mejor versión del repertorio del genial puntero derecho, el elegido: ese que la llevaba atada, la descosía, la hacía de papel, la dejaba chiquita y la devolvía bien redonda para que cualquiera la embocara en el estruendo de la ovación. (A la memoria de Raúl Emilio Bernao, fallecido ayer). Fragmento extraído del libro UN GRITO DE CORAZÓN, de Enrique Martín, publicado por Editorial Dunken en enero de 2007.

martes, 11 de diciembre de 2007

ESE HOMBRE QUE SE VA

Ese hombre que se va, llegó al poder como virtual títere de su antecesor, según los opinadores de ocasión. Cuando se hizo cargo del desastre, la pobreza era del 55% y hoy no llega al 15%. Ese hombre que se va, encontró un país con un 25% de desempleo y lo deja con un 8 %. Mientras trataba de hacer pie, había en el Banco Central apenas 11.000 millones de dólares; hoy hay 46.000. Ese hombre que se va hizo crecer al país a un ritmo del 9 por ciento anual sin pedir préstamos y demostró que la fábula neoliberal se podía igualar numéricamente sin hipotecar la Nación. En lugar de mendigar, pagó las deudas exigibles, desconoció las otras y siguió creciendo. Ese hombre que se va consiguió que el Congreso anulara las oprobiosas leyes de Punto Final y Obediencia Debida (debidas a la cobardía de un ex presidente) y los Indultos (debidos al oportunismo de otro ex). Mandó a la cárcel a aquellos que la cobardía y el oportunismo cubrieron de impunidad. Ese hombre que se va logró que la Corte Suprema de Justicia esté hoy conformada por decentes y no por delincuentes, elegidos como corresponde y no por su dedo. También supo plantarse ante las corporaciones de vendepatrias y coimeros, rurales y urbanos, y dijo con todas las letras algo que todos saben y nadie denuncia: el primer opositor está en la empresa periodística, escrita, radial y televisiva. Ese hombre que se va fue acusado de autoritario y agresivo sólo por levantar el tono de voz o por no atender a periodistas dependientes, en un país donde se arrojaban al mar o al río ciudadanos vivos (maniatados y drogados) desde aviones militares, un país donde se torturaba a mujeres embarazadas y se robaban bebés. Cuando tuvo que defender la soberanía, lo hizo, pese al dolor que genera siempre cualquier conflicto entre hermanos. Ese hombre que se va aumentó los sueldos y las jubilaciones que sus antecesores congelaban o reducían. Dejó de lado las relaciones carnales con el demonio y prefirió abrazar con cariño a los verdaderos iguales por origen y destino. Ese hombre que se va mandó ALCArajo un instrumento de dominación imperial y apostó todas las fichas a una herramienta común sudamericana. Pese a su condición de católico, no toleró la bravuconada de un obispo castrense y lo sacó de la cancha sin pedir permiso al dueño de la pelota. Ese hombre que se va no dividió a los trabajadores y siempre escuchó sus reclamos, un gesto heredado de su viejo mentor en las sombras, a quien se cuidó muy bien de citar o mencionar gratuitamente. Y sí, hay inseguridad, por supuesto. Para que disminuya, la educación deberá mejorar sus contenidos, capacitar a sus maestros y exigir como corresponde a los alumnos y a sus padres. No todo se arregla con dinero. Son las deudas no saldadas en cuatro años y medio por alguien que encontró un país arruinado y lo deja con el noventa por ciento de los indicadores hacia arriba. El que cambió el peor de los pesimismos por una esperanza palpable. Ese hombre, el que se va, entró en la Casa Rosada con el 22% de los votos y sale con el 45%. Era un desconocido y hoy goza de un 65% de popularidad. Ese hombre que se va puede considerarse, sin dudas, como EL MEJOR PRESIDENTE ARGENTINO DESDE LA MUERTE DE JUAN DOMINGO PERÓN. No todos lo merecimos.